En la Sala 3 del Palau Robert puede ver el trabajo de 40 fotoperiodistas de España que han plasmado conflictos de norte a sur del globo terráqueo. Pero lo han hecho con una vocación artística? La muestra se titula Creadores de conciencia y su comisario, Chema Conesa, Es contundente: «Si a un fotoperiodista le decís que es un artista, lo estaréis insultante».

Coche bomba suicida | Foto: Ricardo Garcia Vilanova

El Palau Robert y DKV presentan la exposición Creadores de conciencia. 40 fotoperiodistas comprometidos, Que rinde homenaje a profesionales de la cámara de España que documentan conflictos bélicos, desastres naturales o regímenes autárquicos. Se presentan 120 fotografías que se han publicado en los medios de comunicación más importantes del mundo y que retratan la situación de lugares como Siria, Colombia, Venezuela, los Balcanes o nuestro propio país.

Pero su comisario, Chema Conesa, se desata ligeramente del título de la muestra: si bien es verdad que los fotoperiodistas pueden crear conciencia a través de sus imágenes, éste no tiene por qué ser el objetivo de que los lleva a hacer su trabajo. Rompiendo el tópico, muchos fotoperiodistas no quieren sólo crear conciencia, sino que buscan el placer estético o tienen la voluntad de ser testigos directos de lo que está pasando.

«El arte del aporta el objeto con el que estamos trabajando», dice Conesa, que explica que en la muestra del Palau Robert el criterio artístico no ha sido lo más importante, aunque es innegable que las imágenes que vemos son bonitas. La veterana fotoperiodista Sandra Balsells está de acuerdo con las reflexiones del comisario y afirma que ella cubrió el conflicto de los Balcanes «por un interés más personal que profesional».

Para Balsells, es vital que un fotoperiodista esté interesado en vivir la situación más allá de hacer las imágenes. Además, recalca que «cuando se habla de nuestro trabajo nunca se mencionan los buenos momentos que vivimos, que son muy, muy intensos». El mismo cree el también expuesto Ricardo García Vilanova, Que explica que una vez en la zona «llegas mucho más allá del ser humano, los códigos de conducta se rompen y ves el mejor y el peor de todos nosotros».

Inmigrante subsahariano viviendo en una fábrica abandonada de Barcelona | Foto: Mingo Venero 2007

La muestra también cuenta con otros fotoperiodistas catalanes que comparten esta opinión. Samuel Aranda dice que se dedica a esta profesión porque intentó trabajar en una oficina y no lo soportó, y Javier Corso insiste en que el proyecto Tierra Verde, Sobre los trabajadores de las minas de esmeraldas de Muzo (Colombia), nació de su propio interés por el puesto.

Pero si realmente algún fotoperiodista no tiene la intención de crear conciencia, y ni siquiera pretende que su imagen sea concebida como un arte, entonces por qué su trabajo puede llegar a impactar tanto? Es sencillo, cree Conesa: «La revolución de la fotografía no está en manos de quien la hace, sino de quien la observa». Es el espectador mismo el que decide cómo se implica con la fotografía y qué valor da al mensaje que ésta le está transmitiendo.

Miguel Alfonzo abatido por una banda rival. Parroquia de El Valle, Caracas, Venezuela | Foto: Lurdes Basolí, 2018

Así pues, la exposición del Palau Robert ofrece una retrospectiva del fotoperiodismo que se ha hecho en Cataluña y en España los últimos años, y hace aflorar otros temas de debate que contribuyen a la desmitificación de esta profesión. La muestra es un proyecto producido por la compañía de seguros DKV con motivo del XX aniversario de sus acciones de Responsabilidad Social. En Cataluña cuenta con el apoyo de la Generalitat, pero también se podrá ver en Madrid, Zaragoza y Valencia.

Por cierto, las mismas fotografías las encontrará en el catálogo de la muestra, que además colabora por una buena causa: el colectivo Reporteros Sin Fronteras recibirá todos los beneficios recaudados con el libro de la exposición. Quien quiera ver las fotografías en cuestión, tiene tiempo para hacerlo hasta el 10 de febrero.

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