Filósofa sin etiqueta ni corsé y profesora de universidad con un pensamiento que sabotea los códigos establecidos, Marina Garcés (Barcelona, ​​1973) publica el ensayo-crónica-relato ciudad Princesa, Un libro escrito simultáneamente en catalán y en castellano. Este mes de octubre participa en la Bienal Ciudad Abierta.

Marina Garcés

La poética de una lucha a pie de calle, una brújula de bolsillo para encontrar caminos entre lo imposible y lo necesario, dedicado «a todas las amigas y amigos, escuela política, escuela de agradecimiento». La relación de Garcés con la filosofía es una declaración de compromiso con el mundo, su ciudad y su gente, y eso es lo que rezuma la obra que nos ocupa: veintidós años de vida compartida y aprendida del col Colectivo en el que la autora ha hecho de la continuidad de la intermitencia su condición de vida y de acción. El libro fila un itinerario de iniciación sentimental que va del día 28 de octubre de 1996, año en que la policía desaloja el mítico Cine Princesa de Barcelona, ​​y el 1 de octubre de 2017, en las calles de la ciudad, con la celebración y la represión del referéndum, un ejercicio de autodeterminación colectiva, un conflicto de soberanías. Estos dos puntos de inflexión servirán a la narradora en primera persona que ha vivido directamente los hechos para abrir la posibilidad de elaborar un sentido nuevo de la palabra «nosotros», sus otros que, como ella, se abren cuando se comprometen con cosas de las que aún no forman parte. Si aprender es aprender a pensar por uno mismo, y aprender de las luchas que no hemos ganado, Garcés construye una crónica de los movimientos sociales de la Barcelona post-olímpica conectados con las protestas sociales que han llegado hasta nuestros días. Lo hace siguiendo un único método: revisitar el vivido para intentar recoger el sentido, para orientarse. Así, en esta Ciudad Princesa, la autora desestima la conceptualización para centrar su relato en el propio aprendizaje, más allá de los flecos de documento histórico o de investigación periodística que puedan desprenderse del libro. El aprendizaje renueva el compromiso con el presente y con su ciudad y, al mismo tiempo, genera autonomía desde la compañía. Como pensamos en tiempos de miedo?

Estructurado en tres partes ( «Poner el cuerpo», «Tomar la palabra» y «Nacer en el mundo») escoltadas por un prólogo esclarecedor y un epílogo esperanzado, el Pregón de las Fiestas de la Mercè 2017 titulado «Ciudad reencuentro», Garcés habla desde su punto de vista, una mujer nacida en los años 70, en una generación que «quería asaltar el cielo y se quemó las alas». A los 90, personas como ella hicieron del pensamiento una herramienta filosófica y política al servicio de los demás. En ese momento, ya se detectaban los síntomas de la devastación humana, natural, económica y política del mundo. A pesar del panorama, ellos (nosotros) convirtieron la acción directa en un arte de la calle. El plural es fundamental, ese nosotros sin nombre que se sintió y se hizo sentir, un nosotros hecho de la multiplicidad, del sentido y de las vidas cuando se encuentran de verdad, capaces de convocarse sin formar parte de un movimiento , de una identidad, de un mundo ya establecido. La amistad es la luz que ilumina la relación con el mundo. Quien acerca soledades. Quien crea puentes entre satélites. El afecto es revolucionario, escribe Garcés mencionando una pintada fotografiada que circula por Twitter. Nuestra violencia es existir? ¿Qué hace que una sociedad acepte disparates de criminalización de pensamiento? A menudo a la autora se le rompen las palabras, debe dejar caer palabras que ya se han vuelto vacíos.

Barcelona ya no genera convivencia en este escenario de mercados globales que juegan con la idea de felicidad. Garcés puede hablar de la ciudad desde dentro y desde fuera, en su ir y venir diario durante quince años de Zaragoza, donde ha sido profesora hasta hace poco. Con el bagaje de entrar y salir explica el paso desastroso del modelo Barcelona a la marca Barcelona. Cuando de un espacio de construcción de vida ciudadana, de desarrollo económico y de cohesión social, de tolerancia, de conocimiento, sólo quedan los elementos de exportación de un modelo convertido en producto, la ciudad puede llegar a morir. La experiencia acumulada por la autora hace de ciudad Princesa el autorretrato de una vida comprometida, no como militante que entrega la vida por la causa, sino como alguien que defiende las intermitencias de la vida sin romperse por el camino. Garcés observa las sombras de la desigualdad, las grietas ecológicas, la falta de reciprocidad y de solidaridad y de organización. Una Barcelona pobre que convive con la miseria global. Una capital donde la cultura se ha vinculado al consumo. La autora defiende la palabra libre, condición fundamental de la vida colectiva en todas sus dimensiones. La Barcelona que le gusta a Marina Garcés es la princesa que no quiere reino ni marido, una ciudad donde hay vida política fuera de los partidos políticos. Una mujer libre de pensamiento agitado y de compromiso férreo que hace y es sin dejarse secuestrar por el poder. Como ella.

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