El pasado jueves 6 de septiembre, la Universidad Autónoma de Barcelona acogió el Recinto Modernista de Sant Pau dos celebraciones en un mismo acto: el cincuenta aniversario de la UAB y la inauguración del curso 2.018-2.019. Un curso dedicado a los movimientos migratorios que ya han sido la causa de miles de muertes. La Universidad dedicará una serie de actividades en esta temática a lo largo del curso.

Imagen del espectáculo de Sol Picó, ‘Halab’, representado en el Recinto Modernista de Sant Pau.

La lección inaugural ha corrido a cargo de Oscar Campos, fundador de la ONG Proactiva Open Arms, Que tiene como misión principal rescatar del mar los refugiados que llegan a Europa. Después de las actuaciones musicales del Coro de la UAB y del grupo Orpheus XXI, Halab es el espectáculo que pone fin a esta intensa jornada; una pieza de Sol Picó que nos expone una parte de nuestra realidad que no todos quieren mirar, y habla en nombre de aquellas víctimas que ya no lo pueden hacer.
Esta vez, sin embargo, conoceremos Halab como espectáculo y también como proceso creativo, hablaremos del resultado final y del camino que ha tenido que recorrer antes de llegar al escenario. Halab estrena el 22 de abril de 2017 en el Festival Sismògraf de Olot interpretada por 24 bailarines estudiantes del Conservatorio Superior de Danza de Barcelona. En esta ocasión, después de varias representaciones por Europa con diferentes intérpretes, Halab reúne 14 bailarines que provienen de formaciones y experiencias diversas y se sumergen en una intensa labor de aprendizaje y recreación de la pieza. Halab es por tanto, una pieza viva que no nos permite hablar de ello como algo fijo, ya que renace cada vez que se representa, en situaciones y contextos diferentes, pero siempre manteniendo claro un objetivo: expresar una realidad de la que, de alguna manera, somos responsables. «Europa mira hacia otro lado y nuestro silencio es complicidad» son parte de las palabras que la propia Sol Picó, también intérprete esta vez, anuncia por un megáfono. La pieza de la bailarina valenciana es un grito que ante este silencio todavía se siente más fuerte; un grito que no sólo destapa los oídos, sino que pretende hacernos abrir los ojos y lo consigue. Nos pone ante nuestra mirada un hecho real y crudo, y, después de eso, ya no podemos mirar hacia otro lado. Halab sacude al espectador, lo remueve, le planta delante de los ojos unas imágenes que le harán pensar.
Todo el proceso ha sido también por los bailarines una oportunidad de trabajar con rigor bajo las pautas de una excelente profesional como es Sol Picó, que ha contado con la ayuda de su asistente Carlos Fernández, también excelente en su tarea. Al igual que sus piezas en el escenario, Sol es transparente y directa en su dirección, clara con sus ideas y al mismo tiempo cercana y humilde; un conjunto de características que facilitan el trabajo en el proceso creativo, siendo de esta manera un proceso orgánico pero intenso y muy vivo, que se ha llevado a cabo en un tiempo máximo de tres días. Halab supone una potente experiencia artística y al mismo tiempo es una gran experiencia social, que demuestra la fuerza de la cultura para implicarse en las causas humanitarias.
Comienza la acción. Los bailarines entran en escena cargando una balsa en la espalda, sobre unas ropas elegantes y zapatos de tacón, la disonancia entre estos dos elementos ya hace entrar en conflicto la mente del espectador. Se trata de un espectáculo itinerante en el que los intérpretes inician la obra caminando bajo esta gran balsa, y se paran y suben dentro: comienza el viaje, marchan pero descalzos, abandonando sus zapatos. Después de este viaje por el mar, que ha finalizado con una imagen final desoladora: cuerpos esparcidos por el suelo, agotados, sin tierra y algunos sin vida.

Imagen del espectáculo de Sol Picó, ‘Halab’, representado en el Recinto Modernista de Sant Pau.

La elegancia y el buen gusto ya no tienen nada que hacer en un cuerpo que se pelea con el mar para sobrevivir, que está solo y nadie la ayuda. Inicia el canto delaria «Sola, perduta, abandonados«Que interpreta con gran éxito la soprano catalana Begoña Alberdi, Acompañada de la danza de Sol Picó, precisa y emotiva, con la energía adecuada en cada momento. Seguidamente, se inicia la segunda parte haciendo un círculo alrededor de una gran botella. Del mar hemos pasado a la tierra, pero una tierra que no es concreta, donde comienza una danza de una fuerza tribal, y con una carga dramática importante. El gesto es directo, penetrante, a menudo con un tono expresionista, pero siempre en la medida correcta gracias al equilibrio dramático que la coreógrafa exige a sus intérpretes. Una segunda parte de cuerpos que pesan, literalmente, tienden a la tierra, juegan con el contrapeso, haciendo siempre presente este peso: el peso de las muertes en el Mediterráneo, lo que debería pesar la conciencia.
Ahora bien, debido a las fuertes lluvias, el jueves 6 de septiembre la pieza no pudo ser representada en su totalidad. A pesar de las dimensiones del Recinto Modernista de San Pablo, no se encontró una sala alternativa donde poder llevar a cabo. No por lo que no pudimos cumplir lo que era nuestro objetivo final: llegar a la gente y hacerlos mover escribiendo un mensaje de esperanza y pegando a la gran balsa que restaba extendida en el suelo del edificio. Lo que había empezado siendo un escenario de tristeza y desolación, terminó recubierto de buenos deseos para la humanidad. Logramos una pequeña acción por parte de cada uno de los asistentes. Por eso la satisfacción y el agradecimiento nos llenaron. La obra ha hecho evidente una vez más su carácter vivo, que hemos tenido que adaptar y readaptar a las circunstancias sin que su objetivo se viera afectado. Gracias a la rapidez de todo el equipo, su capacidad de reacción, su compromiso y la implicación de los bailarines.
La Historia deHalab es, por tanto, parte de nuestra historia, una parte triste y oscura de nuestra historia que no debemos dejar de lado. Una obra crítica y aguda, como todas las creaciones de la coreógrafa que nunca dejan indiferente al espectador.

 

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