Del 12 al 16 de septiembre se ha celebrado el Mercado de Música Viva de Vic, Un evento clave del calendario musical, que propicia el encuentro entre programadores y público para dar a conocer las propuestas de cientos de artistas y conjuntos.

© Pedro Masramon

Este año el Mercado estaba de cumpleaños, ya que celebraba la trigésima edición. La programación oficial se ha realizado básicamente en torno al teatro Atlántida: entre el teatro y la sala anexa y las carpas montadas en el exterior. Han completado los espacios cerrados el Casino de Vic y la Jazz Cava. En cuanto a los espacios al aire libre, la plaza de los Mártires era donde encontrábamos los proyectos de la ESMUC, el Taller de Músics y el Suena 9. La plaza Mayor y el Azúcar eran los espacios reservados para las propuestas más festivas y enfocadas a público masivo. Por el paseo y el casco antiguo se encontraban músicos, grupos y artistas con ganas de dar a conocer su propuesta. Estos eran eran los culpables de que la capital de Osona se convirtiera en una ciudad musical llena de curiosos que iban arriba y abajo parándose en cada esquina y dando vida y negocio en los establecimientos.

De entre la multitud de propuestas, había que escoger hacia donde decantarse y yo lo hice hacia Eva Fernández, El Kanka, Toti Soler y Gemma Humet, The Gentle Good y Chicuelo. Fuera de la programación oficial, entre los grupos que actuaban por la ciudad me decanté por la histórica banda de blues, los Pòtuls.

Eva Fernández se presentaba en el Mercado con su segundo trabajo de estudio, yo pregunto (Discmedi, 2018). Un trabajo basado en poemas de autores como Cortázar, Costafreda o Pizarnik. Una obra que la propia Fernández ha musicado con el apoyo de Josep Munar. En el auditorio de la Atlántida, Fernández se presentaba en formato trío. Enric Fuster a la batería, José Munar a la guitarra y Fernández voz y saxo soprano. Un directo elegante, intimista y mucho sentido que certificaba el grado de maduración de esta joven artista que enumera una voz tierna, pero dura, cargada de sentimiento. Muy sorprendente era el trabajo de Josep Munar a la guitarra que como si de un dos por uno se tratara incorporaba la línea de bajos con un elaborado sistema personal que elevaba la propuesta y la apuntalaba.

el malagueño Juan Gómez Canca, “El Kanka”, se ha convertido en un cantautor aclamado entre la crítica y el público. Con un repertorio que bebe de la música latina, la rumba, el rap o el pop ha construido un relato con cierta ironía, cargado de alegría y con toques de humor. El auditorio de la Atlántida estaba abarrotado, con un público entregadísimo que conocía las canciones y en coreaba los estribillos con pasión. A canciones como “Que bello es vivir” el público enloquecía y el Kanka sabía dar todo lo que se esperaba de él con gran profesionalidad, mucha trempera y sobre todo un saber hacer en el escenario que hacen que su propuesta sea tan destacable y enganche al público. Una actitud que muchas veces se echa de menos en los escenarios.

el galés Gareth Bonello se presentaba en el Casino de Vic. Para mí era una propuesta imperdible. Se trata de ún artista muy especial, aclamado por la crítica y con un repertorio que se acerca a los orígenes de la canción de raíz británica, más emparentada con las periferias del gran imperio. Gareth Bonello, conocido como The Gentle Good, escribe canciones en inglés y en galés con una clara intención de acercarse a la tradición, a la música popular. Aquellas canciones que pasan de manera oral de generación en generación. Como guitarrista acústico va más allá del mero acompañamiento, desgranando grandes arpegios con elaboradas melodías basadas en muy buenos y estudiados arreglos. En Vic se presentaba acompañado de la voz de Jennifer Gallichan que, lejos de quitar protagonismo a Gareth, era su apoyo a la voz. El directo de Bonello es impecable, muy recomendable, limpio, desnudo, con unas melodías vocales que te transportan a las raíces del folk y la tradición celta. Todo el repertorio respira una tranquilidad y una paz muy agradecida y necesaria.

Gemma Humet y Toti Soler en el Mercado de Música Viva. | © Pedro Masramon

Después de 8 años de colaboración conjunta, Toti Soler y Gemma Humet han decidido a grabar un disco conjunto. La aventura que comenzó con “Prenda de amor”, materializada en Razón de Vivir (Satélite K, 2011), fue cogiendo normalidad hasta que el dúo ha decidido a grabar pequeña fiesta, Un trabajo que verá la luz en las próximas semanas y que Soler y Humet presentaron en primicia en el Mercado. A fuerza de trabajo, la egarense ha ganado el respeto del público hasta convertirse en la gran dama de la canción catalana. Sobre el genio de la guitarra, cualquier apunte se queda corto. La combinación de ambos resulta una propuesta sensible, profunda, con sentimiento, con rigor y sobre todo histórica. El repertorio de esta pequeña fiesta camina por la sabiduría acumulada de Soler, en un caminar por sus poetas de cabecera como Vergés, pero también por los compañeros de viaje con los que ha trabajado, como su querido Ovidi Montllor o Leó Ferré. Con la voz de Humet, todos estos “clásicos”, se elevan a donde les corresponde estar. En Vic, acabaron con “Pequeña fiesta”, el poema de Marià Manent, cantado y musicado por Soler al que Humet daba más forma vocal en una versión que vestía del domingo la que el genio de la guitarra grabó a Liebeslied hace casi cincuenta años. Los cuarenta y cinco minutos que duró el directo te dejaban con ganas de más y con la sensación de haber hecho un primer plato y quedarte con ganas de un segundo y postre.

Fuera de los programas oficiales y las grandes propuestas, en la plaza del Estudiante, me vi sorprendido por la histórica banda de blues del Vallès, Pòtuls. De la mano de su líder, el inconfundible Pep Hendrix, el trío presentaba el disco Qué mundo tan crudo … (Cúpula Music, 2018). Con una banda con un formato curioso completada por Artur King a la armónica y Gabi Coyote a la batería, Pòtuls desgranaba su directo, desgarrado, personalísimo y experimentado, rodeado de una masa de curiosos que se fue amontonando para ver su particular manera de vivir el blues, el Rhythm & blues y el primigenio Rock & Roll.

Con un auditorio abarrotado, el guitarrista flamenco Juan Gómez “Chicuelo”, presentaba su nuevo disco y propuesta de directo, Uña y carne (Taller de Músics, 2018). El experimentado guitarrista, compañero de viaje de artistas como Miguel Poveda o Mayte Martín ofrecía su espectáculo en formato sexteto. Chicuelo ha hecho mayor, en el buen sentido, en el auditorio se mostró en un gran estado de forma, muy emotivo, profesional y con un alto grado de madurez artística. Cuando se sentó para comenzar a desgranar solo una taranta, Se vio claro. En función de que iba avanzando el espectáculo y se iba añadiendo el resto del grupo su liderazgo era básico y el eje vertebrador de toda la propuesta. Muy destacable era la aportación del violín y sobre todo la de la trompeta de Carlos Sarduy que en algunos momentos te llevaba a otro de los grandes proyectos en el que participó Chicuelo hace una década, el aclamado Evocación de Raynald Colom. De hecho, de aquel proyecto, Chicuelo en rescató, “Y vuelta”, firmada originalmente a medias con Colom.

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