este Rigoletto el Teatro del Maggio Fiorentino es el segundo escalón de una nueva producción de la llamada “trilogía popular” de Giuseppe Verdi. Tal como dijimos de Il trovatore en un artículo previo, ahora son el turno de Rigoletto y la traviata. Francesco Micheli, El director de las tres óperas, ideó que cada una de las tres partes de la trilogía se identificaran con uno de los colores de la bandera italiana – verde por Rigoletto, Como la ambigüedad, los celos y la ira; blanco para la traviata, El color de las camelias y la pureza deseada; y finalmente rojo para Il trovatore, Por la sangre, el fuego y el asesinato.

Rigoletto | © Teatro Maggio Fiorentino

ahora, Rigoletto. Nos saltaremos la trama, basta decir que mientras que la versión original debía ocurrir en la corte del Rey de Francia, ya que la inspiración para la ópera provino de Victor Hugo, la censura previno Verdi y su libretista Piave de hacerlo. Sin embargo, colocando la acción en Mantua, el director Micheli observó que Verdi y Piave marcaban una gran diferencia destacando el provincialismo de Italia. No hay un centro grande, como París en Francia, sino una confluencia de ciudades medianas que parecen incapaces de ver más allá de sus propios límites. Y es en la provincia donde el arte y la artesanía se nutren: Verdi nace en Le Roncole, una fracción de Busseto, una pequeña ciudad ubicada al lado de Parma, no precisamente una metrópolis.

No es una sorpresa que Rigoletto empiece de la misma manera que Il trovatore: Mientras la gente se sienta en el patio de butacas, pueden ver que el escenario está iluminado por tres paneles y el telón bien arriba. Una vez comienza la música, los tres paneles se vuelven verdes y comienzan a moverse. El corazón entra en escena, vestido de negro al igual que en la ópera anterior, pero esta vez con máscaras inexpresivas y guantes blancos.

Todos los personajes de esta ópera llevan una máscara. Las máscaras representan la falsedad, el disfraz y la decepción de todos los personajes involucrados en esta ópera. Los cortesanos del Duque de Mantua llevan la máscara llena de mentiras que interiormente los pudre, convirtiéndolos en la falsedad misma que constantemente extienden partes.

Con la música de Verdi llegando desde el foso orquestal, el corazón se quita las máscaras al mismo tiempo, enseñando una cara negra. Se colocan las máscaras al revés y entonces dan la espalda al público. El efecto escénico queda bien. Aparece un gran tablero de ajedrez iluminado que sirve de pista de baile para el Duque, Ceprano y la Condesa, en una fiesta burlesca en la que las chicas llevan unas máscaras doradas con forma de caballo y de perro, recordándonos aquel vestuario de la serie Stargate.

Rigoletto, vestido con frac, lleva una gran máscara negra con una nariz larga y puntiaguda, una máscara dorada cada codo y en vez de tener joroba, lleva una máscara gigante parecer el orco de los Jardines de Bomarzo.

Monterone aparece con mucha pompa: para la fiesta, se quita la máscara y muestra una cara clara; él no se ha podrido bajo las mentiras. Su maldición sobre Rigoletto, mientras se pone una máscara con forma de calavera y canta “spettro terribile mí rivedrete / portante in mano y teschio mio”, es terrible. Monterone desaparece como si fuera muerto – aplastado entre dos paneles e iluminado de blanco, al igual que Manrico a Il trovatore.

Gilda también lleva una máscara, rocío e infantil, cuando su padre entra en escena. De hecho, su personaje no es tan inocente como tradicionalmente se representa ya que le esconde, al padre, el chico joven que lo ha seguido. Además, hay una cierta extrañeza viendo Rigoletto y Gilda sentados en la mesa, más que un padre y una hija, él parece el cliente de un burdel. Las preguntas extrañas sobre el apellido de Gilda y sobre su familia, o si tiene alguna, parecen parte de un juego; en cierto modo sólo se vislumbra una chispa de celos en Rigoletto, y entonces vemos como la escena, de un azul claro, se vuelve verde hasta que el jorobado sale del escenario.

Rigoletto | © Teatro Maggio Fiorentino

El duque, con un par de copas y una chaqueta verde por encima de su vestido blanco, entra justo después de que Rigoletto salga, dando dinero a Giovanna, como si fuera la dueña de un burdel, y flirtea con ella antes de ver Gilda y hacerle fiestas.

El secuestro de Gilda por parte de los cortesanos se hace como tradicionalmente, con una escala y con Rigoletto cegado por una tela. El palacio del Duque se nos muestra después con cuatro paneles iluminados con el típico diseño renacentista, en blanco y negro, que al mismo tiempo queda reflejado sobre el pavimento cuadrado, iluminado de verde y blanco.

En el poderoso “Cortigiani, vil razza dannata!”, Rigoletto llama a los cortesanos con furia, desgarrándose la joroba y las máscaras; al mismo tiempo, Marullo y otros le dan la espalda, mostrando las máscaras que llevan en la nuca. Mientras la luz se vuelve verde, Rigoletto humilla a sí mismo suplicando que le devuelvan la hija; es entonces cuando Gilda aparece con la chaqueta verde del Duque sobre los hombros, descalza y corriente hacia su padre, sin máscara y llorando. La escena se mueve a su alrededor mientras ella le confiesa a su padre la historia de su amor secreto.

De nuevo las luces se vuelven verdes cuando Rigoletto llama “Sì, vendetta, tremenda vendetta”, cuando Gilda le declara que aún ama al hombre que la corteja y que, evidentemente, la ha violado a su palacio. Es en este momento que Rigoletto se convence, chasqueando los dedos a dirigirse a casa de Sparafucile y Maddalena, que aparece detrás de uno de los paneles.

Sparafucile es claramente el único personaje desenmascarado de la ópera: la primera vez que aparece queda patente que no se esconde de nada y dice abiertamente a Rigoletto que es un asesino. Además, su personaje tiene un fuerte y extraño código moral, queda tomado por la ira cuando Maddalena le propone que mate Rigoletto para quitarle el dinero que lleva encima ( “Un ladro son forse? Son forse un Bandito?”) y le acaba pegando y todo. Maddalena, en un inicio, aparece enmascarada mientras flirtea con el Duque, pero pronto se deshace y queda desenmascarada por el resto de la ópera, al igual que Gilda y Rigoletto.

Gilda, aunque con la chaqueta del Duque encima, es asesinada cuando entra en la casa de Sparafucile y Maddalena. Sparafucile coge una daga de en medio de un ramo de rosas y se acerca a Gilda. El público no ve el asesinato claramente, sino que cuando la casa queda completamente girada, vemos que Gilda yace sobre una silla, cubierta por una manta negra y con el ramo de rosas rojas sobre ellos.

Seguidamente el cuerpo es llevado ante Rigoletto en un camión, y el último dúo entre Rigoletto y Gilda se da en el centro del escenario, con los tres paneles lumínicos coloreados de verde acercándose a los personajes. La ópera termina – Rigoletto adentra en la penumbra y los tres paneles se iluminan como en el inicio de la función, de verde, blanco y rojo.

Los aplausos fueron larguísimos: el gran trabajo hecho por el cast entero fue recibida con muchísimos bravos. El corazón, dirigido por Lorenzo Fratini, Recibió un gran aplauso, pero también por los jóvenes cantantes de los roles secundarios como Marta Pluda (Condesa de Ceprano), Adriano Gramigni (Conde de Ceprano), Giada Frasconi (Giovanna), min Kim (Marullo) y Gyuseok Yo (Bolsa); también para Carlo cisnes (Monterone), Marina Ogii (Maddalena) y Giorgio Giuseppini (Sparafucile), pero sobre todo y de manera estruendosa, para Jessica Nuccio (Gilda, Iván Ayón Rivas (Duque de Mantua) y Yngve soberbia (Rigoletto). Una gran ovación dio la bienvenida al director musical Fabio Luisi mientras una reacción más bien polarizada y controvertida recibía al director de escena Francesco Micheli, alguien incluso le grita mientras otra persona le llamaba el bravo más fuerte de la velada.

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