El 10 de septiembre en el IEC se celebrará la Primera Jornada de Trabajo del Colectivo Pere Quart, La entidad que trabaja a favor de la literatura en las aulas y en la sociedad. La Jornada ha sido organizada por la Sociedad Catalana de Lengua y Literatura (Filial del IEC) y el Colectivo Pere Quart, con la colaboración del Departamento de Filología Catalana de la UAB. Con motivo de esta sesión de trabajo y debate el escritor Joaquim Carbó ha escrito un artículo que publicamos a continuación:

Joaquim Carbó. | © Laia Cardona

Reflexión personal en voz alta: la obsesión por estar al día

Nunca he formado parte del cuerpo de enseñantes de nuestra lengua, que he tenido que aprender a salto de mata, y siempre he agradecido los esfuerzos de aquellos que ha trabajado constantemente para difundirla. Huelga decir que me satisface mucho que algunos de los materiales que he producido os hayan servido para divulgarla en diferentes ámbitos. Al principio, especialmente, los escribí con esa intención.

De muy pequeño -le nació el 1932-, en aquel mundo tan sórdido que encontré en que lo teníamos casi todo prohibido, el padre me hablaba con un punto de orgullo de las traducciones al catalán, un aspecto que, según él, distinguía nuestra cultura en los escasos momentos que habíamos dispuesto de cierta normalidad. En los años cincuenta, cuando empecé a trabajar, me suscribí a la novedad que representaban Raixa y la Nueva Colección Letras, pero también empecé a adquirir ejemplares de viejo de la mítica colección A todo viento, De la Editorial Proa, que me permitieron leer buena parte de los Dickens traducidos por Carner y Romeva; Nada nuevo en el Oeste, De Eric Maria Remarque, en la famosa traducción de Joan Alavedra. Y, entre otras muchas, Proust, a cargo de Jaume Bofill y Hierro; Stendhal, de Just Cabot; Dostoievski, de Andreu Nin; Moravia, de Miquel Llor; Maupassant, de Domènec Guansé … Y David Golder, De Irene Nemirovsky, una autora judía asesinada en Auschwitz, que Melchor Font ya tradujo al catalán a principios de los años treinta, y que el mundo acaba de redescubrir gracias a la Suite francesa, El original que durante sesenta años ha permanecido inédito y que la hija, Denise Epstein, que entonces era un niña de trece años, acarrear en una maleta huyendo de las autoridades francesas colaboracionistas. La Magrana la publicó en una excelente traducción de Anna Casassas.

Unos años más tarde, a principios de la década de los sesenta, Fraga Iribarne, en un intento de abrirse al mundo, no tuvo más remedio que autorizar la traducción de tantos y tantos autores malditos y prohibidos para zurdos, marxistas y gente de mal vivir. La Primavera de Fraga, en dijimos … Aquel ministro quería volver amable la cara del régimen y se relacionó con los agentes culturales, lo que le obligó a atenuar algunas de las muchas prohibiciones. En una cena en la que se reunió con el mundo editorial catalán, alguien le preguntó qué opinaba de Dios ha nacido en el exilio, De Vintila Oria, una novela de moda, entonces, y cuando Fraga en hubo cantado las excelencias, el interlocutor le expresó su perplejidad porque esa misma semana su Ministerio no había autorizado la edición en catalán … el Día del Libro de uno de esos años, Fraga, que hacía el recorrido por las paradas, fue presentado a Francisco Candel, que firmaba sus libros. Candel le retuvo la mano con firmeza y no lo dejó escapar hasta que el ministro no tuvo más remedio que embarbussar para decirle que revisaría la prohibición que no permitía publicar la segunda parte deLos otros catalanes.

Brecht, Caldwell, Camus, Chandler, Dos Pasos, Duras, Faulkner, Hammet, Hemingway, Kerouac, M. MacCarty, Mailer, Malraux, Arhur y Henry Miller, Moravia, Pasolini, Pavese, Pratolini, Sartre …, fueron algunos de los autores que las editoriales catalanas publicaron entonces aprovechando aquel desconcierto. Son testimonio los catálogos de Ediciones 62 y de Proa.

Este interés por presentar en catalán las obras de los autores más contemporáneos con la clara intención de estimular nuestro público a leerlos, se me hizo muy presente en Verines (Asturias), en uno de los encuentros del Ministerio de Cultura que reunía autores en las diversas lenguas del estado, en la primera y única ocasión que he representado los escritores catalanes fuera de casa. En la comunicación que leí me refería al sentido común que considero imprescindible a la hora de establecer la frontera entre los libros para niños y la literatura para todos los públicos. Mencioné, entonces, la novela Una mujer difícil, del americano John Irving … En ese momento, uno de los autores vascos que participaba en las jornadas exclamó: ¡Vaya! ! Pero si se acaba de publicar en inglés y ya la podés leer en catalán «.

Ciertamente! Es una tradición procurar que en nuestra lengua haya el máximo posible de las novedades literarias más interesantes que se publican en todo el mundo. Si aquel escritor vasco envidiaba la actitud de los editores catalanes – yo tengo que añadir la de los traductores, como es natural-, también puedo comentar que no me parece que este hecho tenga la justa recompensa que le debería conceder nuestro público. La manía que me mueve a estirar el cuello más de la cuenta para saber qué libro leen – y en qué lengua – los compañeros de viaje de metro o autobús, hace que cada vez que los Ferrocarriles de la Generalitat me llevan a Bellaterra me caiga la alma a los pies cuando compruebo que la mayoría de los pocos estudiantes que «pierden el tiempo» leyendo alguna novela lo hacen en la versión castellana cuando del mismo título hay quien se ha esforzado en traducirla y publicarla en catalán. Y eso que estos estudiantes han sido sumergidos en la escuela catalana. Qué contraste con aquellos indocumentados y analfabetos que los años cincuenta buscábamos a los puestos de libros viejos alguna de las viejas traducciones de la Proa, la Biblioteca Universo, La Rosa de los Vientos …

En ocasión de la reciente publicación del calidoscopio informal, La extraordinaria y sorprendente novela de mi amigo Albert Jané, gramático, alma durante muchos años de la revista Cavall Fort y académico del Instituto de Estudios Catalanes, tuve ocasión de escribir un artículo en el que recordaba unas declaraciones suyas, formuladas hace más de veinte años, en los que, en relación a la difusión del catalán, que es el tema que nos preocupa tanto, decía:

«En estas cuestiones nos pondríamos de acuerdo enseguida si no hubiera televisión: entonces a todos nos parecería una solución. Pero los hay y no está resuelto. Entonces, ¿qué pedimos? Las personas mayores hemos visto y pedido de todo: ¿Y si tuviéramos una revista infantil ?, ¿Y si hiciéramos teatro en catalán ?, Y si escuela, y si prensa, y si televisión? Pero ya lo tenemos, y el resultado no es lo que quisiéramos. Ya sólo podemos pedir que baje Dios nuestro señor a hablarnos en catalán, a ver qué pasa! »

Es evidente que si entonces hacía un diagnóstico tan preciso, ahora, al cabo de veinte años, sigue teniendo toda la razón del mundo. Y ya que Dios nuestro señor no ha bajado a hablarnos en catalán, debemos pensar que es en nuestras manos aprovechar todos los medios que tenemos para asegurar la continuidad tanto de la lengua como de la cultura. Los escritores, los traductores, los actores, los cantantes, los maestros, los periodistas, etc., etc., aparte de intentar superarnos cada día en el ejercicio de nuestras profesiones, no podemos hacer otra cosa que esperar que nuestro pueblo nos dé trabajo y nos la pague, aunque sea sólo para sobrevivir, a años luz de lo que retribuye a estos mercenarios que llegan de todo el planeta y hacen ver que aman más la camiseta que llevan que la madre que los trajo al mundo.

Eh, si no es mucho pedir!

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