De los mundos que ya no existen, enterrados bajo la losa del pasado, hablan la historia, la ciencia y la filosofía, pero la mejor manera de acceder y de conocerlos, la más emocionante, es a través de la literatura . Sobre todo si esta no existencia tiene la decadencia por esencia, y perdonad la coquetería de la cacofonía. Dicho esto, situémonos en la Barcelona vieja de finales del XIX, cuando la Renaixença apagaba a la sombra de la luz modernista, y hablamos de una novela de Juli Vallmitjana que es una formidable manifestación de realismo sucio en catalán, titulada De la ciudad vieja. Ediciones de 1984 la acaba de publicar editada por Enric Casasses.

Enric Casasses, a Músser, este verano

El libro está ambientado en una Barcelona vieja que no hemos conocido, en lugares como la Riera de San Juan o las calles de la Avellana, buen Dios y el Infierno. Es una lástima, o tal vez un pecado, que con esta nomenclatura tan sugerente no se hayan conservado. En su lugar, la anchura y la cotxada de la Via Laietana, la construcción de la que los hizo desaparecer (1912), son bastante poco, o algo bastante insustancial. Vallmitjana nació en 1873 en otra calle que ya es historia, el Graciamat, y antes de la literatura se dedicó a la platería (tradición familiar) y la pintura (vocación transitoria). Es el escritor fiel de los barrios pobres, de los rincones carcomidos y los entornos marginales. Casasses dice que el retrato que hace de estos ambientes, y en particular de la vida de barrio, «es riquísimo y espectacular». Por ello, «si se pudiera hacer una película sería bestial».

De la ciudad vieja, La primera novela de un autor muy prolífico que sobresalió en la escritura teatral, es un libro de «colores violentos y trazo seguro», un campo de batalla donde el instinto se vuelve afilado como la mirada de una zorra. Por Casasses, Vallmitjana es la conciencia de lo que hay «debajo de todo», porque va más abajo que ningún otro en el camino de miseria. «Pero no hace moral (…) ni sentimentalismo». Dicho de otro modo, no sublima, no idealiza, y no cae en la condescendencia o la candidez. En cambio, sí que deja una rendija por la ironía: los dos pintores más célebres de aquellos años aparecen con los apodos de «Gorrión» y «el xistos» (Santiago Rusiñol) Y «el Chico de Casa Buena» y «Barracas» (Ramon Casas).

El realismo sucio de Vallmitjana, como nos demuestra a la Xava y los libros en los que da voz a los gitanos de bajo Montjuïc, No sólo es atrevido y sin complejos, sino que brilla, precisamente, por su singularidad estilística y «nada académica», sostenida en buena medida por una lengua deslice y viva, genuina, también, en sus castellanismos. La espontaneidad y la precisa imperfección del léxico hacen de De la ciudad vieja una memorable novela sobre los miserables y «la pobreza urbana de los años de la primera revolución industrial», escribe Casasses. Parece tentador buscar semejanzas con nombres como Oller, Vayreda, Pous i Pagès y una larga lista que incluiría narrativas tan diferentes como las de Berga Boix y Bosch de la Trinxeria o Francisco Trabal y Mercè Rodoreda, Pero Casasses considera que «su novelística es (…) un caso único de la literatura».

De Juli Vallmitjana a Caterina Albert

Aunque los vínculos con Víctor Catalán tampoco son tan evidentes como se podría pensar, es innegable que hay una relación perfectamente constatable entre De la ciudad vieja y un filme, Y Casasses da por hecho que la autora ampurdanesa inspira en esta novela para narrar las desventuras del refinado bastardo Nonato Ventura. Oi más, la mejor amiga de Víctor Catalán, antepasada de los Broggi, Era una cuñada de en Vallmitjana, o sea que podemos establecer conexiones no sólo literarias entre ambos.

Pasados ​​los años, dejando el cunyadisme y el realismo sucio al margen, y también la fuerza del lenguaje en sus obras, Casasses es otro nexo de unión importante entre Vallmitjana y Catalán; también en cuanto a la actualidad del periodismo cultural. Junto con la edición de De la ciudad muerta, El poeta barcelonés ha sido el curador del primer y único gran libro de poemas de Caterina Albert, libro blanco, Publicado originalmente en 1905 (el mismo año que soledad) Y recuperado este 2018 para Ediciones Vitel·la. Una oportunidad para ver Catalán más lírica, pero igualmente punzante, en una explosión de versos en que adopta posturas de todo tipo, desde la ironía hasta la voluptuosidad passsant por la descripción, el retratismo y la acusación.

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