perdidos es la cuarta obra escrita -y dirigida-por el reconocido actor y director Ramon Madaula (Sabadell, 1962), que abrirá temporada, este 13 de septiembre, en el teatro Aquitania. Una comedia que aborda las relaciones de amistad y de pareja desde el patetismo que empapa, habitualmente, nuestra realidad cotidiana. Durante hora y media, los actores Xavier Bertran y Jordi Coromina ocupan el espacio escénico. Los dos personajes viajan por todas partes sin levantarse de la silla. Y, lo más importante: nos llevan con ellos.

Ramón Madaula | Foto: Duran Actores

“Después de todo, lo que nosotros llamamos ordinariamente amigos y amistades no son más que relaciones y familiaridades ligadas por azar o la comodidad gracias a la que nuestras almas se mantienen unidas “, escribía Montaigne sus ensayos.

Tal vez estas palabras -escritas el s. XVI- podrían revelar el significado vertebrador de la última obra de Madaula. Esto entre otras cosas es lo que me gustaría preguntar al dramaturgo. Después de hacer una cata del ensayo de perdidos, Espero la hora de la pausa y nos sentamos, actores, director y entrevistadora, el café de la esquina.

Tienes una larga trayectoria en el teatro; sobre todo has interpretado, pero también has dirigido, y en cincuenta años empezaste a escribir. Tenías la necesidad de contar una historia propia? ¿Qué te aporta, de perspectiva del género, escribir teatro?

Los autores catalanes me tachan de intruso, porque empecé a escribir con cincuenta años, y ahora tengo cincuenta y cinco. Se preguntan: ‘¿Qué jode este actor, que con cincuenta años está escribiendo y que nos quiere tomar el lugar?’. Pero yo les digo siempre que no soy un intruso, porque desde los veinte años me dedico a actuar profesionalmente. El trabajo del actor consiste en meterse en la cabeza del autor, a ponerse en la piel de este, a entender que quería transmitir el autor, cuando escribió el papel para tu personaje. Por lo tanto, yo no he escrito hasta cincuenta años, pero he tocado muchos textos y en todos los estilos, desde clásicos a contemporáneos. Sí que soy un autor novel, pero tengo un bagaje de treinta años de actor que hace que conozca mucho el género.

Ahora bien, yo no sabría escribir un cuento ni un relato, porque no me considero escritor o narrador, me considero un actor-dramaturgo: me invento situaciones y diálogos, pero no sé describir, sólo sé hacer dialogar. A la vez, como que soy actor, sé diferenciar cuando un diálogo está bien escrito o mal escrito, cuando una situación es dramática o no.

Con sabemos por el momento, perdidos es interpretada por dos personajes. El hecho de que sólo cuentes con dos actores está influido por los condicionamientos (de presupuesto, técnicos, etc.) que crees que debe enfrentar el teatro hoy en día?

Sí, evidentemente. La obra me la invento yo, y ante el ordenador soy Dios, pero entonces soy realista y me planteo que, si quiero hacer obras y las quiero estrenar, deben tener pocos personajes. De las cuatro obras que he estrenado, tres tienen sólo dos personajes, y ya las planteo así con la idea de que puedan materializarse, que sea fácil levantarlas. No es que encuentre un sabor especial a escribir obras de dos actores; lo hago simplemente porque pienso en el presupuesto: un solo espacio, un solo decorado. Si tenemos que empezar a buscar presupuesto fuera, la cosa se complica. Hasta ahora, he podido estrenar una obra en Romea de seis personajes, de la que estoy muy contento; pero ya veremos cuando podré estrenar otra de estas características.

¿Qué diferencias esenciales crees que supone hacer una obra más íntima, a nivel literario y de contenido, respecto de una producción más compleja?

Esto no lo sé, porque como dramaturgo y director sólo tengo experiencia con mis obras, que siempre han sido pequeñas, en este sentido. Me pongo condiciones antes de escribir: tengo muchas ideas para muchas obras, pero los condicionamientos externos son muy importantes, por mí. Necesito considerar continuamente los límites reales que marca la producción teatral. Esto, evidentemente, condiciona la dirección que toman las obras a nivel literario.

Piensas que un teatro más íntimo se presta a contar historias más profundas a nivel psicológico?

Sí. A mí me hubiera gustado escribir esta obra con cuatro personajes: los dos protagonistas y sus mujeres (de hecho, las mujeres tienen un papel muy importante: no las vemos, pero continuamente se habla). Por lo tanto, me habría ido muy bien tener dos actrices, pero, claro, más personajes implica más decorado y más presupuesto. He tenido que restringir a dos actores una obra que originariamente estaba pensada para tener cuatro, y eso complica un poco las cosas. A la vez, sin embargo, esto sirve para sintetizar y, seguramente, para profundizar más en los personajes: es como un poema, con poco se ha de explicar mucho, y este reto también me gusta.

Sabemos que los dos personajes de la obra dialogan sobre las respectivas experiencias vitales (matrimoniales, sobre todo). Pero, ¿cuál es el elemento dramático que hace avanzar la historia?

A los dos personajes les gusta mucho jugar y llevar las situaciones al extremo, sobre todo en el personaje de Jordi. No puedo explicar mucho más, porque haría spoiler. Sólo puedo decir que hay una situación que se imaginan y que intentan hacer realidad. Y este juego se les escapa de las manos.

Ramon Madaula dirigiendo Xavier Bertran y Jordi Coromina | Foto: Comedia

Ramon Madaula dirigiendo Xavier Bertran y Jordi Coromina | Foto: Comedia

Y se hacen amigos?

Ya son amigos, cuando comienza la obra. Buscan los límites de la amistad, quieren ver en qué medida puede resistir su relación de amistad.

¿Cuáles son los elementos que conectan los personajes a nivel emocional? ¿Qué perspectiva de la amistad plasmas, en la obra?

Los conecta algo muy importante. Yo pienso que es muy complicado encontrar personas que realmente se interesen por nosotros, a quien podamos explicar nuestra vida y nuestras intimidades y con quien nos sentimos cómodos hablando. Esta comunión es muy difícil de encontrar, tanto en los hombres como en las mujeres, y en estos dos personajes les pasa! Esto hace que empiecen a explorar su amistad hasta límites desconocidos, y, haciéndolo, llegan a un punto en que se pierden.

Ahora bien, queremos hacer una comedia para que la gente pase el rato, eh? A veces parece que estemos haciendo una tesis sobre amistad o terapia de pareja, y no es así. No damos lecciones a nadie: sólo intentamos crear un artefacto teatral para que la gente pase una hora y cuarto divertida.

A grandes rasgos, qué huella hay, perdidos, A nivel filosófico y literario, de tu trayectoria en el mundo del teatro?

Nada: de filosófico no hay nada. Yo escribo para jugar, lo único que propongo es un juego de engaños, de equívocos. Quiero jugar con las expectativas del espectador, buscar la diversión de la gente. En la obra no hay implicaciones filosóficas, porque yo no tengo la preparación intelectual para hablar de otra cosa que no sea un juego humano entre personas.

Es por ello que la obra toma la forma ligera de la comedia, y no el tono grave del melodrama, por ejemplo?

A mi me gusta la comedia porque me río de mí mismo. Todas las situaciones que escribo son vivencias que, si no me han pasado, poco ha faltado.

Por lo tanto, hay mucho contenido de experiencia vital personal?

Sí, aunque nada de lo que escribo es directamente autobiográfico, ¿eh? Relato cosas que me han tocado de cerca, situaciones en las que me he sentido un poco patético. Las escribo y, así, me río un poco de mí mismo. Traslado cosas de mi experiencia vital a estos dos personajes: ellos tienen algo de mí.

[Als actors, Xavier Bertran i Jordi Coromina]: Os sentís vuestra, esta historia, esta experiencia?

Jordi Coromina: Hombre, claro! El hecho de trabajar cada día y de darle vueltas hace que te la sientas muy tuya. Le damos vueltas todo el día porque es nuestro oficio y nos apasiona: nos implicamos de arriba a abajo.

Xavier Bertran: Muy. Como actores, siempre tenemos que encontrar la gasolina para que la comedia disparo en el mundo emocional. Al interpretar, tenemos que hacer un viaje emocional muy grande, porque tenemos que aguantar el personaje durante mucho rato. Una obra de teatro se puede decir, Y se entiende. Pero si la sientes, la obra toma otra dimensión: cuando conectamos con el personaje pasan cosas extraordinarias, porque decimos el texto, pero por dentro nos pasan un montón de cosas!

Además, transmita un tipo de emoción que llega mucho al espectador, para que, por suerte o por desgracia, es fruto de una situación muy cotidiana.

Jordi Coromina: Totalmente. Es una conversación entre dos tios patéticos que quieren hablar de temas profundos. Y es que, cuando te escuchas lo que dices, a veces te jodes risa. Además, los hombres nos cuesta mucho hablar de nuestras intimidades: no lo hacemos, o lo hacemos muy pocas veces. Cuesta encontrar a alguien a quien puedas explicar la vida íntima. Y en esta obra esto se produce.

[[Madaula lo reafirma]Este es el punto de partida de la obra: la sinceridad, el hecho de poder contar la vida al otro y que el otro te escuche.

Aquí entra en juego tu sensibilidad: has tenido que profundizar en estos sentimientos íntimos que cuestan de exteriorizar.

Sí, pero siempre desde la comedia, eh? En la comedia todo coge cierto patetismo. Pienso que el mundo íntimo y de la sexualidad es un mundo que nadie tiene solucionado: a la vida íntima, cada uno hace lo que puede. Siempre tenemos la inquietud de interpelarnos y de pensar: ‘Yo estoy bien? El otro, está mejor que yo? En definitiva, nunca sabes si vas bien o mal en estas cuestiones.

Además, el mundo de la sexualidad es un mundo muy sobrevalorado, con demasiada inputs externos. Se nos crean expectativas muy altas, cuando no debería ser así, porque, realmente, tampoco es tan importante. Todos estamos muy perdidos, en este mundo: tanto los hombres como las mujeres. Y la obra parte de aquí: de las intimidades que se explican los dos personajes, a partir de las cuales se teje la historia.

Vehicular estos sentimientos también representa un gran reto para los actores, que lo están pegando de maravilla. Todo ocurre en un restaurante de menú y se debe tener en cuenta que se pasan una hora y cuarto sentados en una silla, hablando todo el rato. Esto a mí me gusta mucho, desde fuera, pero es muy difícil de interpretar, porque tienen que pasar por todo este periplo emocional sin levantarse de la silla. A los actores nos gusta mucho levantarnos, movernos, hacer acciones, y no poderse levantar, para ellos, es muy puta. Deben escucharse mucho y lo están bordando. A mí, como actor, me costaría muchísimo!

Y por qué no se levantan?

Porque no hace falta. Yo ya concebir la obra pensando que tendría poco presupuesto para hacerla. Para explicar lo que yo quería contar necesitaba, sólo, una mesa y dos sillas. Quería que la obra se pudiera representar en cualquier lugar, aquí mismo, por ejemplo, en este bar[[el espacio es minúsculo], Sin focos y sin nada. Esta era mi idea básica. Al final hemos conseguido presupuesto para hacer un decorado, y la estrenamos en un teatro de trescientas localidades, que está muy bien, pero el hecho de poder hacer esta obra donde se quiera representa un reto.

[Als actors, Xavier Bertran i Jordi Coromina]: Y, como actores, que representa el hecho de ocupar el escenario durante una hora y media, sin poderos mover de la silla?

Xavier Bertran: Este hecho te obliga a interpretar de verdad. A creerte mucho el personaje, a interiorizarlo mucho. Es un ejercicio intenso, para que toda la acción es interna. Te has de poner bien en la piel del personaje, debes tener las emociones que tocan a cada momento y hacerlas fluir de manera natural. Y eso es lo más bonito.

Jordi Coromina: Exacto: yo ya sueño el personaje! El teatro de texto te obliga a jugar con las palabras, que tienen siempre diferentes dimensiones, y con el subtexto.

Madaula: Sí. Nos gusta el teatro de texto porque tiene subtexto, nos gusta que se explique lo que no se dice: siempre buscamos textos en los que lo que pasa en el personaje quede detrás, que no se diga o que, incluso, se diga lo contrario. Esto es lo más bonito y lo más divertido de interpretar, porque es lo que nos hace viajar. Y es paralelo a la vida: lo que exteriorizamos y lo que pensamos muchas veces no coinciden.

En el ensayo he visto que paras los actores prácticamente en cada frase, para hacer indicaciones de subtexto. Podemos decir que el subtexto es el tu propio subtexto, y no tanto el del actor?

Como dramaturgo, voy ajustando el subtexto, pero los actores van solos. Cuando los veo a ellos, yo también modifico cosas, porque ellos modifican cosas de mi texto.

Xavier Bertran: En esta cuestión, lo que es fantástico es que guionista y director sean la misma persona. en Madaula sabe perfectamente desde donde está escrita cada palabra, y, por tanto, hay una coherencia perfecta entre lo que está escrito y lo que se nos pide a la hora de interpretar.

Jordi Coromina: A la vez, sin embargo, estamos haciendo un trabajo de creación conjunta a partir de su texto: vamos modificando cosas a partir de lo que él escribió; hacemos un trabajo de equipo extraordinario.

De qué manera recopilaciones el tópico del matrimonio tedioso y de la deriva del hombre casado? Qué n’arreplegues y cómo mujeres forma?

Los personajes tienen esta cosa que me pasó a mí: a cuarenta años, cuando ya estás casado y tienes hijos, tienes el típico desazón que te hace preguntarte: ‘Yo estoy bien? Está todo bien, en mi vida? ‘Esta necesidad de comparar tu nivel de felicidad con el de la media. La historia parte de aquí.

Yo muestro dos hombres que no saben demasiado lo que tienen, que es lo que nos pasa muchas veces: no sabemos valorar lo suficiente lo que tenemos. No están aburridos, pero se encuentran en este tipo de inercia que te da el matrimonio, sobre todo cuando tienes hijos. Una inercia que, a veces, te hace buscar fuera de casa lo que ya tienes en casa y no te das cuenta que tienes.

A mis dos personajes les pasa exactamente eso. Seguramente no es posible que encuentren nada mejor que lo que ya tienen, pero ellos esto no lo saben.

 

En la historia, las verdaderas protagonistas [les dones dels dos personatges] están ausentes. Tienen voz, las mujeres, en esta historia? ¿Por qué no se habla casi nunca desde el punto de vista de la mujer, en este sentido?

Efectivamente, las mujeres tienen mucha voz a la obra. Los dos protagonistas son dos hombres muy bien casados, que hablan todo el tiempo de sus dos mujeres.

Si bien es cierto que la obra está muy enfocada desde la perspectiva de dos hombres (como muchas otras en este sentido), ellas están muy presentes. El diálogo entre ellos dos está al servicio de hacer visualizar cómo viven ellas sus relaciones, de conseguir que el espectador se ponga en la piel de la mujer y entienda también sus emociones.

Crees que el amor de matrimonio o de pareja tiene fecha de caducidad, y que la amistad, por el contrario, puede durar para siempre?

En la obra lo pongo en duda todo: tanto el amor de pareja como la amistad. Ambas relaciones se fuerzan, se ponen en situación límite, se pone a prueba la resistencia. Yo pienso que la amistad y el amor son igual de frágiles. No soy nadie para dar lecciones, pero para mí existe una fórmula básica: si tú te interesas de verdad por el otro (genuinamente, sinceramente, quiero decir), la relación aguanta. Es cuando languidece este interés que la relación va muriendo.

Montaigne, en sus ensayos, escribe esto sobre la amistad: “Después de todo, lo que nosotros llamamos ordinariamente amigos y amistades no son más que relaciones y familiaridades ligadas por azar o la comodidad gracias a la que nuestras almas se mantienen unidas “. Crees que estas palabras, escritas en el s. XVI, podrían servir para resumir el significado de tu obra?

Sí, pero yo añadiría que, para que se mantengan unidas, hay que interesarse por la otra alma. Tan fácil como empatizar con el otro. Tan fácil como preguntar: ‘¿Cómo estás?’, Pero preguntarlo de verdad, sinceramente, no porque sí. Hay muchas personas que preguntan como estás para explicarte cómo están ellas. Mi hija siempre me dice: ‘Papá, el día que yo encuentre un hombre que se interese verdaderamente por como estoy, me n’enamoraré enseguida, porque, la mayoría, o sólo buscan sexo o sólo quieren hablar de ellos’ .

Piensas que esto es más común en los hombres que en las mujeres?

Quizás sí. Las mujeres también tiene sus problemas, eh? No sois mejores que los hombres! Los problemas los tenemos las personas, no los géneros, por supuesto. Ahora bien, también pienso que la falta de empatía no sólo es un problema de los hombres, y que es más bien algo generalizado … Yo de hecho al separarme tuve que hacerlo todo por la vía legal y no es cómodo. Tuve que ponerme en contacto con la abogada de Nulidades eclesiasticas, Marta Boza que me ayudo mucho en ese sentido.

 

Todos estamos fuerza, de perdidos; más que pensamos. Supongo que es eso, también, lo que hace que la vida s’esbranqui en todas direcciones. Perdidos, ensayamos nuevos caminos y dibujamos nuevos paisajes, perspectivas y atajos. perdidos embosca, ahora, en los senderos del alma al teatro Aquitania.

 

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