Que es elaño Fabra lo hemos sabido por tierra, mar y aire. Nos lo han recordado con actos conmemorativos, exposiciones, publicaciones, espectáculos … No lo critico: hay que cultivar, ampliar el escaso conocimiento que se tiene sobre el Maestro, sobre su labor. Tanta presencia, tal despliegue, es además la constatación de un hecho tanto como crudo como digno: la lengua es, al menos, una patria (era, por ejemplo, la única que reconocía Juan Gelman). Una de todas las que se quieran tener. Algunos sólo reconocen la patria lingüística; otros suman la infancia, los padres, la cultura o la tierra que les ha acogido. El caso es que la lengua tiene un poder inmenso: resume el lugar que somos, la identidad, la familia. Es un sistema de concentración sentimental perfecto.

El gramático los Campamentos Fabra de Alós de Isil con unos compañeros franceses. | © Ignacio Arnalot

Todo esto viene a cuenta porque seguimos disponiendo de nuevos acercamientos a Fabra. Él es la llave que abre la puerta al catalán que hoy escribimos (o deberíamos escribir, y hablar, incluyendo los cambios de la Nueva Gramática). Fabra es el planificador de esta patria inexacta. Uno de los últimos ejercicios de catequización sobre el gramático es la exposición en curso que acoge el edificio de Can Serra, Sede de la Diputación de Barcelona. Pompeu Fabra. Una lengua completa es una muestra discreta, clásica y comedidamente sumaria que ayuda al visitante crear y ordenar un mapa mental básico fabriano. Siempre alternando vida y lengua, entrecruzándose con toda la lógica. José Peña ha sido el encargado del guión y la redacción de la exposición. Jordi Ginebra, Comisario del Año Fabra, ha asumido el asesoramiento.

La exposición, que coincide con la celebración de los 150 años del nacimiento del gramático y los 100 de la publicación de la gramática Catalana, Está conformada por siete paneles cúbicos.

Inicialmente, el visitante conocerá las motivaciones personales de Fabra para dedicar toda la vida a la codificación de la lengua. Se narran dos escenas domésticas. Una es el hallazgo de una libreta de cuentas del tatarabuelo materno. Con la recuperación del bloque, un adolescente Fabra constata que la lengua catalana también se escribe y, por tanto, «permite redactar documentos de la vida diaria». Hasta entonces, el Maestro habría usado el catalán sólo a través de la expresión oral. El otro episodio es la redacción de una carta a sus sobrinos. Comienza en castellano ( «Queridos, sobrinos …»), pero Fabra para la escritura: aquellas no son las palabras que lo ligan a la familia, le es imposible expresarse con honestidad. Estos dos momentos son cruciales para empujar a Fabra a la tarea ingente de hacer posible una comunicación escrita en la lengua en que piensa y habla. Divisa, además, un desajuste: el catalán vivo de casa no se corresponde con la forma medieval (heredera de los Juegos Florales) Que toma sobre el papel.

El camino temprano de Fabra no tenía como destino la gramática. La pasión escolar por las matemáticas lo hacían un futuro ingeniero industrial. Durante los estudios de la carrera, sin embargo, la balanza de los intereses ya se decanta por el lado de la lengua y poco a poco, Fabra pasará más y más horas en bibliotecas. Frecuenta, por ejemplo, la delAteneu Barcelonès, Donde se entrega a la lectura de revistas extranjeras sobre filología y gramática. Fabra acabará adquiriendo conocimiento de varias lenguas, en diferentes grados de dominio. Será un experto solvente en griego y latín, hablará con soltura el inglés y el francés y se defenderá en alemán. Incluso, llegará a tener nociones de lenguas escandinavas (con Joaquim Casas y Carbó tradujo -del noruec- espectros deHenrik Ibsen). Volviendo a la manía matemática, esta le ayudará a tener un sentido analítico y científico de la lengua, fundamental cuando el trabajo de ordenación es descomunal.

En 1932 dirá: «No importa escribir una palabra de una manera como de otra. Lo que hace falta es que todo el mundo le escriba de la misma manera «. La cita puede transmitir inflexibilidad, pero lo cierto es que Fabra elabora una normativa pensando en todos los territorios de habla catalana. Tiene en cuenta las pronunciaciones y alza una lengua polimórfica. La primera persona del singular es uno de los ejemplos más claros. O las variantes del posesivo. No es un Maestro coercitivo, aunque trabaja para un estándar estable y compacto. la gramática Catalana de 1918 (antes, en 1913, se habían aprobado las normas Ortogràfiques) Es aceptada en 1932 en Valencia (bajo el nombre de Normas de Castellón). Un año antes, en 1931, lo habían hecho las Baleares con laortografía mallorquina, Comandada por Borja Moll. Prat de la Riba, Macià y compañeros serán respectivamente sus grandes aliados, lo apoyarán con firmeza desde las instituciones. El país persigue un código formal «funcional, moderno, autónomo», «una verdadera lengua nacional». Una aspiración política, incluso, detectó J. V. Foix: «Uno de los más francos -y, acaso, más paradoxals- elogios que merecerá Pompeu Fabra será precisamente este: de haber realizado una política ‘sin moverse del terreno literario».

La tercera gran obra de Fabra será el Diccionario General de la Lengua Catalana (1932), que incorpora más rasgos inclusivos. Por ejemplo, una cierta composicionalidad: aportaciones de diferentes dialectos que no sean de alcance restringido, como es el caso de la palabra cerilla, Que tomamos del alguerés. el lingüista Gabriel biblion subraya también la descastellanización: «Se dedicó con entusiasmo. […] Aspiraba a tener la lengua que habría surgido de la evolución natural si esta lengua no hubiera sido sometida durante algunos siglos en la subordinación a otra lengua «. Entre reforma y reforma, Fabra congregará un grupo obstinado de detractores: Narcís Oller, Àngel Guimerà o Joan Maragall, Que lamenta las limitaciones que la normativa supone para la creación libre del escritor. El diccionario normativo de Fabra (diccionario Fabra) Será actualizado en 1995.

Brazadas de lengua. | Foto: Gabriel Casas.

Brazadas de lengua

Cada panel de la muestra es acompañado de algún elemento gráfico que deja respirar los textos. Fotografías de Fabra con su inseparable pipa, del gramático nadando (era un deportista entusiasta, jugador habitual de tenis), o en uno de los encuentros de los campamentos Fabra (1927-1935), que se hacían a Alós d’Isil. El deporte en grupo servía, según Fabra, para acercar la lengua a la gente, para calibrar qué cambios se podían asumir y cuáles no. El excursionismo, por ejemplo, se le tomaba como un trabajo de campo lingüístico: aprovechaba para recoger variedades dialectales.

La exposición se completa con un vídeo del acto conmemorativo que se hizo el pasado febrero en el teatro Zorilla de Baladona (Ciudad natal). Un homenaje en el que tomó a palabra el actor Jordi Oriol para desplegar una ingeniosa e hilarante revisión en forma de abecedario que lo contemplaba casi todo: «antagonista Alcover», «barbilla blanca», «dichoso diacrítico «,» convirtiéndose en emblema «… En fin, Fabra, y como dijo Gabriel Ferrater, «La corporeidad objetiva de nuestra mirada». Una mirada atenta para «entenderlo hasta donde nos sea posible». El poeta lo asumió con propiedad: «Si Fabra tenía o no buen gusto, ni lo sospecho, porque no he leído ningún comentario suyo ni sobre la moda ni sobre los ramos de flores. La única calidad suya que me importa es que era un lingüista competente y un gramático maravillosamente hábil: es decir un científico, un hombre de ideas empíricas y no de preferencias decorativas ni de voleiaments emotivos «.

Sobre El Autor

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.