Una vez más el silencio me hace losa. Soy escritora y no escribo lo que pienso ni lo que siento en estos días donde tanto para pensar y sentir. Sé que no voy a decir nada nuevo, pero quizás encertaré la voz de otras personas que, como yo, callan y esperan.

Maria Barbal, escritora de Pedra de Tartera, en el número de noviembre de L’Avenç | Fuente: El Adelanto / JMM

Las noticias diarias me trastornan. Leer que un grupo reclama hablar en castellano cuando nadie les priva y como dice el periodista Francisco Canosa cuesta cada día más utilizar el catalán me desconcierta. No es necesario argumentar mucho la gran fuerza que tiene el castellano en las grandes ciudades de Cataluña. La evidencia: hay muchos habitantes venidos de fuera y también, muchos catalanes no usan ni mantienen su idioma cuando lo podrían hacer. Normalmente, el otro los entiende o debería de entender y hasta bastantes nos lo agradecerían. Tenemos la impresión de que nos cortarán el cuello si lo hacemos? nos escupe? nos dirán que no nos entienden? nos harán fuera del trabajo? Podría pasar, pero, en general, no pasa. Cada uno de nosotros, al menos los del millón, nos deberíamos plantear seriamente. No deberíamos formar parte del grupo “del zombi catalán”, como dice Canosa, porque es el que perpetra el suicidio lingüístico. Yo procuro hacerlo, hablar a todo el mundo en catalán y los resultados son francamente buenos, aunque no he conseguido que personas a las que hace un montón de años saludo con un “buenos días” o “buenas tardes” me vuelvan ni una palabra en catalán.

Reclamar libertad y salir pacíficamente a la calle lo he hecho ocupando un pequeño espacio de este millón de mujeres y de hombres contabilizados. Pero no es suficiente. Cuando salgo de casa, camino por la calle, me encuentro con amigos o voy al teatro … pienso en cada una de las personas que, preventivamente, están en prisión desde hace meses, y siento que debería poder hacer mucho más. Pido que los políticos no hablen tanto de diálogo, pero que lo practiquen. No es necesario que nos digan que hay temas y palabras que uno no quiere pronunciar y el otro sí. Encuentre sesión ya y no habláis tanto, por favor. Trabaja al máximo, con personas preparadas, sin descanso, sin esperar que pase esto o aquello. Elimine sus diferencias de bueno y de verdad, como si el mundo tuviera sólo unos días para las soluciones. Y si algunos ya lo hace, disculpen mis palabras de exigencia, pero es que, entre las personas que vamos por la calle cada día, sin información extra, no se ve suficiente. Todos estamos esperando fervientemente que haga política.

Y, aún, pienso que lo que dice el amigo Joaquim Carbó sería algo positivo. De este millón, descontando los que tienen alergia a la lectura, los niños demasiado pequeños, los ancianos demasiado cansados, compra un libro en catalán o dos al año, si puede ser, que os apetezca, hay de muchos tipos, y entonces léalo. Para las personas que ya lo hacen, mis excusas. Tenemos muy buenos autores y autoras, ahora sí refuerzo el femenino, aunque casi nunca salgan a las entrevistas de los periódicos, sobre todo a las de la contraportada, ni, como dice con mucha razón el escritor Joan Carreras, a los programas de TV3, por poner sólo un ejemplo, donde salen personas de casi todos los demás oficios y, prácticamente nunca, ningún escritor ni escritora.

Resumiendo. No usamos nuestra lengua, a veces, por miedo a la reacción del otro. No reconocemos las personas que renuncian a una verdadera promoción, a mucho público, porque son creadores en lengua catalana. Muy a menudo preferimos que sean de otra parte, supongo que para que aquellos ya son reconocidos.

Ay, ay! Qué país éste, tan valiente y tan dudoso de lo suyo!

Soy escritora y he escrito, sólo, sobre unos pocos temas. Y sé que no es suficiente.

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