Dos futbolistas haciéndose un beso en los vestuarios; una chica universitaria que acaba de pasar su primera noche con otra chica; un artista travestido saliendo a escena para llamar al cuatro vientos que él es como es, y que si a alguien no le gusta la pluma, que se ponga hojas. Parece que los musicales de temática LGTB y queer han irrumpido en masa en la cartelera barcelonesa de principios de otoño. Y nosotros recorremos la topografía heterogénea y gentrificada de la ciudad en busca de estos espectáculos que, a ritmo de historias, canciones y coreografías, cuestionan la normatividad.

Fun Home al Onyric, el Teatro Condal

Empezamos este recorrido cerca de la Sagrada Familia, icono de Barcelona y templo fálico – Josep Maria Miró ya sacó provecho, de esta simbología evidente, al Gang Bang que montó hace unos años en la Sala Tallers, en la parte trasera del Nacional. Nuestra primera parada es en el Teatro Gaudí: allí encontraremos un musical hecho aquí, El fútbol es así (de gay), De la dupla Xavi Morató y Gerard Sesé, que sobrevivió con éxito la Barcelona culturalmente yerma de agosto y que, prórroga tras prórroga, ha ido llenando las gradas de aficionados teatrales. Estarán, ahora sí que sí, hasta el 21 de octubre. La obra nos plantea, a través del humor más desgarrado, ¿qué pasaría si un equipo de élite fichara un jugador que se está planteando salir del armario. Gags con trasfondo crítico sobre las presiones y los chantajes de la sociedad y la máquina de hacer dinero que son los clubes deportivos, la masculinidad de diseño de los futbolistas, la desconsideración general hacia el fútbol femenino, hacen deEl fútbol es así (de gay) algo más que una comedia inocente. Esto, y un final que no explicaremos, pero que va contra las convenciones de la comedia musical y que resumiremos así: la homofobia, al deporte, está tan extendida que ni siquiera en estos casos permite la catarsis.

Bajamos ahora hasta la calle Casp, porque el Tívoli encontramos el segundo musical de temática LGTB: La jaula de las locas, Que ha puesto en marcha con el pie en el acelerador (han ido agotando entradas desde la segunda previa … y el Tívoli tiene más de 1.300 localidades!) Y se postula como uno de los éxitos de la temporada en Barcelona. Poco que decir sobre la jaula: Todo un clásico, que el elenco protagonizado por Iban Labanda y Ángel Llàcer sabe estirar hasta ponerse en el bolsillo al público amante del teatro comercial. El libreto lo firma un icono de la lucha por los derechos de la comunidad LGTB, Harvey Fierstein (como nos gustaría ver su díptico Torch Song en la escena catalana!), pero hay que decir que el retrato que hace de la pareja homosexual, más allá del himno “Soy lo que soy” que cierra el primer acto, ha quedado un poco desfasado. Una homosexualidad poco amenazadora, espectacularizada con pluma y confeti, vista como un calco kitsch de la pareja hetero de clase media-alta: todo bien digerible para que el público se sienta abierto y tolerante (Mirad, se besan y no nos molesta! Como nos gusta la modernidad!) En este sentido, la cosa se queda en un simpático ejercicio de arqueología gay, con un final éticamente curioso, por decirlo así.

Ángel Llacer en la Jaula de las Locas

Ahora bajamos la Rambla, el auténtico recto de la anatomía urbana de la ciudad, y atravesamos el Raval, porque el Paralelo, la antigua avenida de la perdición barcelonesa, encontraremos la última estación de esta ruta por el musical LGTB . Era aquí, en el Teatro Condal, donde quería ir a parar: se acaba de estrenar Fun Home, Una joya excepcional que tenemos la suerte inmensa de ver en Barcelona, ​​porque casi no se ha exportado fuera del ámbito anglosajón. Gracias, Daniel Inglés!

¿Qué es, Fun Home? Es un musical mágico y deliciosamente extraño (por cierto, queer, En inglés, significa “extraño, rarot”). Basado en una novela gráfica y autobiográfica de Alison Bechdel, Fun Home es la historia de cómo la autora va descubriendo que es lesbiana, sale del armario y se reivindica, mientras su padre, homosexual más o menos reprimido, recorre un camino casi a la inversa: a escena, el choque letal y brutal entre dos maneras de afrontar una sexualidad socialmente minoritaria. Esta sería una idea de sinopsis, pero Fun Home es mucho más que un panfleto reivindicativo. Seguramente no seremos exagerados si decimos que se trata de uno de los mejores musicales estadounidenses de la última década: un musical divertido, ágil y con canciones de las que no se olvidan y que al mismo tiempo ofrece espacio para la reflexión . Una de esas experiencias teatrales que te entretienen y que al mismo tiempo te dan una lección de vida que te hace salir en plenitud de la sala. ¿Qué más queremos?

Pues aún hay más: la escenografía de Raquel Ibort, Marc Salicrú y Marc Codina, deliciosamente rococó; un reparto maravilloso liderado por Mariona Castillo, que a Limbo y en Las mujeres de Guido Contini ya nos robaba el corazón, y que a Fun Home, Además, nos contagia una humanidad que le supura por todas partes. El musical tiene canciones memorables, como aquella en la que una Bechdel niña ve por primera vez una mujer con pelo corto y camisa de cuadros y se da cuenta de nuevas posibilidades de género que nadie le había explicado. O la que cantan Bechdel y su padre mientras dan un paseo en coche pero no consiguen decirse lo que se tenían que decir. En definitiva, podríamos decir que Fun Home es la culminación de los musicales queer. Y lo tenemos en Barcelona. Aprovechen y vayan a ver una de las cosas más interesantes que ha dado Broadway los últimos años.

Juegos Florales de Canprosa se puede ver en el TNC | Foto David Ruano

(No puedo evitar hacer un añadido final: dentro de unos días se estrena en la Sala Grande del Teatro Nacional de Cataluña Los Juegos Florales de Canprosa, Y hace unos días tuvimos la suerte de ver un ensayo previo. Por qué mencionamos la adaptación de este texto que Santiago Rusiñol escribió en 1902, en un reportaje como este? Fácil: porque Jordi Prat i Coll ha cogido esta parodia de los Juegos Florales y le ha dado una vuelta (o dos, o tres …) para elaborar un espectáculo de texto y musical casi inalcanzable: divertidísimo, sagaz, eufórico, inteligente, excesivo , brillante y crítico, lleno de color, y todo ello para deconstruir, a través del pastiche y la parodia más mordaz, lo que significa ser catalán. El mismo Rusiñol lo escribió, al ver las críticas que recibió la obra por parte del catalanismo más conservador: “Ya es suficientemente grande Cataluña, ya es bastante justo el que defiende, para que no se pueda hacer broma de todas las pequeñeces que tienen las causas nobles “. Si la sensibilidad queer es una mirada que nos cuestiona y que se ríe de lo que se considera “normal”, Prat y Coll ha hecho deLos Juegos Florales de Canprosa una especie de musical queer sobre todos nosotros. Un consejo: cojan entradas antes no se agoten, porque hay escenas, en este espectáculo, que quedarán para siempre en la memoria del teatro catalán.)

 

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