Maria Escalas publica una de las novelas más interesantes de esta rentrée, Sara y los silencios. Tras el éxito de su ópera prima, Antes de que tu recuerdo vuelva ceniza, Ahora ya accesible en bolsillo, esta segunda obra confirma la madurez de la autora. Sara y los silencios es una novela sobre una mujer que es músico y que a la vez vive una sacudida vital y emocional.

Maria Escalas © Jordi Bertran

BP: Sara y los silencios es una novela que aborda el cáncer con una gran franqueza. Has tenido algún referente?

M.E: No tenía ningún referente y ha sido muy difícil escribirla porque quería mantener el respeto a las personas que pasan por esta lucha. No me gusta decir su enfermedad, para mí es una lucha. No he querido quitarle hierro pero tampoco quería hacer algo de lágrima fácil y sensiblera, ni caer en la autoayuda barata. No quería que alguien que haya pasado por esta lucha viniera y me dijera: «No sabes de qué hablas, eso no es así».

BP: No tenemos muchas novelas que traten esta enfermedad.

M.E: De todas formas, no la veo como una novela sobre el cáncer. La chispa que me llevó a escribir me vino cuando a una de mis mejores amigas, que es monja, le tuvieron que sacar la matriz y me dijo: «Es curioso porque por mi estilo de vida yo ya sé que no tendré hijos, pero me jode mucho haberme quedado estéril «. Y yo justamente pienso que es una de las personas más fecundas que conozco, no en el sentido físico sino vital. A partir de ahí empecé a pensar en las fecundidades y surgió el personaje de Sara, que ha cortado todas las fecundidades, tanto la maternal como la artística. Sara es una compositora que tras una obra inicial de juventud deja de escribir, en parte por la autoexigencia que se impone. A mí me pasó un poco lo mismo después de la buena acogida que tuvo mi primera novela y por eso buscaba un personaje que dudara de la continuidad de su talento.

BP: En lugar de inventarte una escritora creaste un músico.

ME: Sí, tenía muchas ganas de escribir sobre música porque me dedico profesionalmente. Hablar de todo lo que pasa detrás de la música, entre músicos antes de un concierto … Yo toco el oboe, pero quería que Sara fuera viola, porque es un instrumento que está en medio de la orquesta, acompaña los violines, pero no despunta. Tiene el color del violonchelo y la agilidad del violín, y era ideal para el temperamento de Sara, que encarna la discreción de alguien que ha decidido estar en un segundo plano.

BP: Tampoco tenemos muchas referentes de novelas que hablen de música desde dentro.

ME: Sí, este ha sido otro reto. Quería que fuera comprensible para los profanos y que al mismo tiempo la gente del campo musical no la encontrara naïf. Que no se hiciera pesada para los que no entienden y fuera convicción para los que saben leer música. Cuesta mucho hablar de sonidos y hacerlos comprensibles a personas que no están acostumbradas. Tenemos un problema de cultura musical. La gente no sabe escuchar música. Un músico sabe cómo suena una partitura cuando la lee. Y me gustaría que los lectores escucharan la música de la novel.la, que sintieran la música que hay de trasfondo. Tengo una lista de reproducción en Spotify con todos los temas que aparecen en el libro con comentarios de cada audición.

BP: Otro tema importante del libro es la maternidad, que no es vivida como una opción para Sara. Hemos constatado que en esta rentrée hay unas cuantas novelistas que abordan personajes reacios a ser madre …

ME: Es triste que seamos sólo las mujeres que hablamos de este tema. Me pregunto si hay alguna novela que gire alrededor de las dudas de un hombre ante la paternidad. Mi generación ha sido afortunada porque ha podido elegir. No tengo ninguna amiga que haya tenido hijos porque toca. Ha sido una opción. Mis padres, en cambio, no se plantearon nunca tener, nosotros sí. Pero todavía hay mucho camino por hacer y un hecho incuestionable: tener hijos a las mujeres todavía nos conlleva unas renuncias que no deben hacer los hombres. Y no lo digo por mí, que he tenido la suerte de vivir con un hombre que m’aguatava el bebé mientras tocaba los conciertos y me lo llevaba en el entreacto para que el pudiera amamantar. En cualquier caso, es normal que sea un tema literario recurrente en la novela de hoy, pero me duele que sólo pensamos las mujeres. Quiere decir que todavía queda mucho trabajo por hacer.

BP: Sara también vive una crisis conyugal. No diremos mucho más para no aguar la fiesta a los lectores, pero el matrimonio y las dificultades para sostener a lo largo del tiempo es evidente, tanto en el caso de Sara misma, como en el de su amiga Cristina.

ME: Sí, Sara es una mujer que había puesto la quinta marcha de su vida y no se planteaba que pudiera venirle ningún bache y de repente le pasan una serie de cosas que le obligan a plantearse por un lado su atractivo como mujer y por el otro su fecundidad artística. En este camino se encuentra la Cristina, una chica más joven que ella que también compone y que la quiere ayudar a salir de la parálisis en que se encuentra Sara.

BP: Cristina es un personaje muy interesante, porque carga sobre sus hombros todo otro tema importante, que es la dependencia conyugal. Quiere ayudar a la protagonista a ordenar sus pentagramas, pero de alguna manera también acaba recibiendo una ayuda inestimable de parte de Sara. Encuentro muy equilibrado que Cristina encarne un problema y Sara otro. Si los hubieras transferido ambos a la protagonista, la novela habría colapsado.

ME: Sí, cuando la vida te pasa algo muy fuerte, sólo tienes aquello, el resto se difumina. Cristina es un personaje importante en la novela porque ella y Sara se reflejan mutuamente. Cristina crece muy rápido y descubre en su interior una fortaleza que no sabía que tenía. Y Sara en cierto modo también pozo de la eva fortaleza para proteger a alguien que es más débil que ella. La Cristina me costó mucho crear pero a la vez se me hizo tan real que el año pasado el día de Santa Cristina instintivamente busqué su número de teléfono en el móvil para felicitarla, como si existiera de verdad. Ya ves: busco mis personajes por WhatsApp.

BP: La novela es redonda. ¿Qué papel han tenido los editores?

ME: He tenido mucha suerte con los editores. Son muy necesarios. Escribir es como aparcar el coche, necesitas alguien fuera que te diga cómo acabar de maniobrar. Lo hago constar a los agradecimientos, tanto a Mireia Lite, como la Izaskun Arretxe, que confiaron en mí inicialmente, como Joan Carles Girbés en esta última etapa.

BP: Me gusta que la novela termine en un tono vital alto, y que la nota de optimismo final no sea forzada ni cursi, sino inevitable.

ME: Sí, la última frase del libro (la podemos decir sin hacer ningún spoiler) es la conclusión del libro: «Quiero que cuando venga la muerte me encuentre bien llena de vida».

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