Hay algo que me pone de buen humor de la escritura de mar Bosch, Y es que da la sensación de que le suda completamente el mundo exterior y ella es feliz a su universo literario. Me pareció leyendo ‘Las generaciones espontáneas’ – su segunda novela – y me lo ha confirmado ‘Vendrás conmigo después del diluvio’, su tercera.

Mar Bosch / Fotografía: Ester Roig

Esta novela es un encargo y un juego literario y, a juzgar como tal. La editorial Comanegra ha pedido a siete escritores catalanes un relato inspirado en la novela Frankenstein coincidiendo con la celebración de su bicentenario. El encargo salió de un encuentro en el verano de 2016 en la fábrica Lehmann – un guiño metaliteraria al encuentro de Shelley, Byron y compañía a la mansión del lago Lemán el verano de 1816, el lugar de donde salió la obra de Shelley -.

Como homenaje me parece bien, como experimento me parece regular. Los escritores han tenido que escribir una novela bajo tres condiciones: debe pasar en Barcelona, ​​en una fecha determinada, y hay que salir un personaje secundario que es el mismo en todas las novelas y las liga. Así, cuando las leemos todas, descubriremos el secreto de este personaje – un nuevo monstruo Frankenstein – y el sentido de todo el ciclo. No sé si el público lector en Cataluña es tan numeroso y entregado para participar y completar esta gincana, pero los libros han ido saliendo. El de Mar Bosch Oliveras es el sexto de la colección, y está ambientado en el año 2004.

La protagonista es una niña de 15 años, sensiblemente rara, que aterriza en la Barcelona del Fórum de las Culturas huyendo de una desgracia familiar. Se le ha muerto la madre, y esta muerte ha estropeado el padre. Son dos monstruos que carga en la espalda, y que comparte con el hermano, Noé, que es quien la salva del diluvio – la metáfora no es mía -. De hecho, el texto es un juego de metáforas y simbolismos, supongo que bastante inducidas por el encargo recibido.

Como la novela de los hijos heridos que se hacen mayores y se convierten autónomos – como Frankenstein – el libro se le hará una lectura azucarada sobre la maternidad y los niños. “Los padres quieren que los hijos sean autónomos porque los aman – dice la narradora – los aman así, de camino a su propio abismo”. Pero la novela debe leerse al revés, como una afirmación de los hijos ante los padres. Es el monstruo que se rebela contra su creador.

Esta es la historia de una niña ingenua de pueblo que llega a la ciudad y descubre el mundo. Es una chica marcada por el rechazo de su creador – el padre, cuando muere la madre, arrincona a sus hijos -. La chica podría ser la criatura solitaria del científico ególatra, pero también podría ser una pequeña Shelley fascinada por los mecanismos de la vida que le rodea. La protagonista se lo mira todo con una mezcla de candor y desconfianza, y Bosch sale muy bien marcando el tono alocado y desganado de los pensamientos de la niña.

También está muy bien encontrado que la niña se llame Coloma – “sí, como la de la Plaza del Diamante de los cojones”, se queja ella – pero se haya rebautizado y se haga decir Sigrid, que es nombre de guerrera viquinga. El cambio de nombre es la autonomía del monstruo, y la niña se lo ha cambiado para deshacerse del peso que la condiciona sin que ella pueda tomar ninguna decisión. “Tenemos hijos para poner nombre a la propia esperanza” dice la madre del libro. La niña responde a esta pedantería dominadora de la madre cambiando de nombre y cortando los lazos impuestos.

‘Vendrás conmigo después del diluvio’ es un encargo bien hecho y reafirma el dominio de Bosch sobre la creación literaria. La novela tiene altibajos, escenas demasiado dispersas y exceso de caricatura en algunos personajes – porque Bosch trabaja bien inventando gente histriónica y se suelta.

Quizá por eso tengo ganas de que la autora deje el tono ingenuo que marca sus novelas y se ponga seria con un tema que no acepte la ironía tan fácilmente. Si no lo hace, existe el riesgo de que la voz que domina se la coma completamente y la etiqueten de chica que escribe fábulas de ingenio manchadas de mala leche. Pero tengo que reconocer que entre la pedantería afectada de escritor que trata de encajar en un entorno raquítico y el universo original y loco de una escritora que a su me quedo con esta última. Porque, como dice la narradora regañando el científico de Frankenstein, una de las cosas que hay que aprender es que “hay que saber gestionar la mierda que generamos”.

 

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