El caballo se convierte en 512 ovejas. Los dramas familiares viajan del dolor, debido a las muertes de los que ya no están, al egoísmo de los que se quedan. El fervor para proteger los de la propia sangre por encima de cualquier cosa queda atrás cuando es la sangre de los estimados la que se quiere verter. La novia y su amante provocan un revuelo con un final fatal. Los tres hermanos también. Muchas diferencias, pero también muchas similitudes, en dos de las obras que estos días se pueden volver a ver en Barcelona: Bodas de sangre, En la Biblioteca de Cataluña, y ovejas, En la sala Flyhard.

Biel Duran, Clara Cols y Albert Triola protagonizan ‘Ovejas’ en la Flyhard. © Roser Blanch.

A vosotros os pasa lo mismo? Si se me permite un comentario personal, una de las cosas que más echo de menos cuando estoy un tiempo -largo o corto- fuera de Cataluña es el teatro. Este septiembre, una vez acabado de volver, las ganas de pisar una sala eran elevadas. Me quedé sin la oportunidad de ir a ver ovejas, La obra que hizo de guinda del pastel en la anterior temporada de la sala de Santos. La distancia también me impidió asistir a la reposición de Bodas de sangre, El gran proyecto escénico de La Perla 29 que ha vuelto a su lugar de origen después de dar vueltas por todo el territorio. El gran éxito de ambas ha permitido, por suerte, que las volvieras a programar para iniciar la actual temporada teatral.

Si hace el ejercicio de ir a ver una al día siguiente de la otra, es inevitable hacer comparaciones. De entrada, Bodas de sangre destaca por ser un gran montaje. Al entrar en la Biblioteca de Cataluña, Te trasladas automáticamente a la época y el espacio donde se desarrolla la acción. Piensas en la España rural que, tal como se puede comprobar una vez comienza la obra, forja de una forma muy visceral el carácter de los personajes. Las gradas del público, distribuidas por toda la sala, refuerzan esta sensación.

Esta es una obra para dejarse llevar. Mucho se ha comentado del gran trabajo técnico, interpretativo y visual que hay detrás, pero nada sería lo mismo sin la vertiente musical a cargo de Joan Garriga. La guitarra y la voz en directo, y unos temas cargados de pasión y emoción, dotan la obra de una sensibilidad especial que, por cierto, también arranca una sonrisa fruto del humor travieso que destilan las letras. Te lo pasas bien, y ves que, a pesar de la carga emocional, los actores también disfrutan dando vida a unas vidas que tienen un rumbo incierto teñido de color gris.

La familia es uno de los ejes de esta pieza escrita por Federico García Lorca con dirección, en esta ocasión, deOriol Broggi. La muerte del padre y del hermano del novio es un trastorno para la madre, que aún está en duelo y resentida con la familia que los asesinó, y hará todo lo necesario para proteger al hijo que está a punto de casarse . El pasado, también de una forma muy visceral, vuelve a recrearse en un presente marcado por dos bandos, dos familias enfrentadas que libran una guerra bajo la mirada de la luna.

El caballo y Joan Garriga en ‘Bodas de sangre’, en la Biblioteca de Cataluña. © Bito Cielos

A ovejas la familia también tiene un papel destacado, pero es cierto que de una forma diferente. La alegría inicial al recibir una herencia de unas ovejas pasa a ser un problema cuando los tres hermanos beneficiarios dan cuenta del elevado coste que conlleva mantenerlas; además, la distancia física que separa Barcelona de Teruel -el pueblo donde vivía el tío Cinto hasta el día de su muerte- aún lo dificulta más. Esta es la excusa que desencadena una discusión entre los tres, en la que resurgen rencores del pasado, recriminaciones por los diferentes caracteres que tienen y viejos problemas que se habían archivado.

Los cuchillos -elemento icónico de Bodas de sangre que simboliza la muerte- aquí no paran de volar. Eso sí, la mayor diferencia es que todo sucede de forma interna dentro de la misma familia. Al final, sin embargo, tendrán que decidir qué hacer con las ovejas, y no será fácil. El egoísmo que, de forma desigual, comparten todos ellos, pondrá muchas trabas para encontrar una solución al problema.

Con elevadas dosis de humor, Yago Alonso y Carmen Marfà han construido una pieza con aires costumbristas que nos hace reflexionar sobre las relaciones fraternales, las herencias, los jóvenes que se esfuerzan por salir adelante en medio de mucha confusión y el dilema eterno pueblo-ciudad. Biel Duran, Albert Triola y clara Cols dan vida a tres perfiles muy diferentes que, tal vez, lo único que tienen en común es su sangre.

Estas son dos de las propuestas que están protagonizando la reentré, Una de teatro clásico y la otra de moderno, pero muy pronto ya se irán estrenando las nuevas producciones escénicas de esta temporada. Que comience el espectáculo!

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