“Que una noche cualquiera, paseando por las cuadrículas del Eixample, los laberintos del Raval, las calles de San Andrés, Sarrià, Sants o la Trini, podamos mirarnos y encontrarnos. Creo que las fiestas mayores de las ciudades son una buena excusa para hacerlo. Podemos aprovechar las fiestas de la Mercè para salir a la calle a reencontrarnos con nuestras vecinas, vecinos, amigas, familiares o con gente desconocida de nuestra ciudad. Es más, voy a parar de leer para miraros “. La actriz Leticia Dolera interrumpió unos instantes el pregón de la Mercè para mirar los ojos del público que llenaba el Salón de Cent del Ayuntamiento. Probablemente ver destellos de brillo y alegría. Es lo que tienen las fiestas mayores, que nos devuelven la mirada de ilusión y magia de los niños.

RE_Involve, de dancing partners © Oriol Company

A la salida del metro, majestuoso, el Arco del Triunfo y justo detrás, prácticamente igual de imponente, el escenario musical donde el viernes actuaron Nilo Moliner, animal, Ramon Mirabet y Buhos. Pero si en tarde calurosa de domingo el paseo de Lluís Companys está lleno de gente no es por la música. Durante todo el fin de semana no hay cabido un alfiler; el parque de la Ciutadella se ha llenado de actividades y espectáculos organizados dentro del MAC (Mercè Artes de Calle). De viernes por la noche hasta la fecha, el Parque de la Ciutadella, la Antigua Fábrica de Estrella Damm, el palacete Albéniz, el Parque de la Trinidad, la Plaza Mayor de Nou Barris, el Castillo de Montjuïc y un nuevo escenario, la Llera del Besós, han convertido en un escaparate de circo, danza, teatro y de nuevas tecnologías. Como la música de calle, las artes escénicas han venido a encender el fuego en la plaza ‘, dirían los Txarango.

Paseantes que cada actividad se detienen, gente sentada en el césped y largas colas en los food trucks del Van Van Market, que desde hace años ya son una apuesta fija a la Ciutadella por estas fechas, llenan la postal de movimiento. El olor de comidas de todo flota por el aire y se confunde con el olor a humo, de césped de parque y de las primeras cervezas de la tarde. Mezcla de aromas, edades, idiomas, procedencias y ruidos; todo el mundo es bienvenido a la Merced y todo el mundo puede hacerse suya. Por eso es una fiesta mayor atípica, diferente de todas las demás que tenemos, que conserva la tradición de los gigantes, el correfoc, el piromusical y los castillos, pero que también incorpora actos modernos, que unifican culturas. “Mercedes tiene como carácter básico la capacidad de autotransformación y de generar nuevas actividades festivas”, escribe Jordi Pablo, Estudioso de las fiestas tradicionales de Cataluña, a La Merced ilustrada.

El festival la Mercè Artes de Calle, sin embargo, es un símbolo de la fiesta de los barceloneses que evoca en el recuerdo pinceladas de cuando éramos pequeños. De aquellas Mercedes, a mi memoria sólo guardo imágenes de enormes burbujas de agua y jabón; de un cortejo de padres, hermanos y amigos que acompañaba a los gigantes en el pasacalle, y del paseo de tarde por las actividades que había en la Ciutadella. Como si el tiempo no hubiera pasado, en el Paseo de Lluís Companys aún hoy hay juegos ambulantes (un billar redondo, juegos de espejos, peonzas …) para los más pequeños.

Dentro del parque, como en otros lugares de seis distritos de Barcelona, ​​la magia y la ilusión cautivan un numeroso -inacabable- público familiar. Todo son agrupaciones de gente ante los escenarios, risas y correderas. De vez en cuando pasan niños dentro de carruseles con forma de animal que con el movimiento emiten música. Forman parte de ZANIMAL le carrusel Eclaté, Una actividad que la compañía Théâtre de la Toupine ha llevado de Francia. De tantos espectáculos que hay -y que ha habido a lo largo del día-, desgraciadamente es imposible verlo todo y hacerse una idea general de la propuesta tan variada que ofrece el MAC. Con un paseo de tarde pero, desde títeres y teatro hasta magia y circo, es suficiente para hacer una degustación de cada disciplina.

En la vertiente teatral llaman la atención la ternura deUn teatro en el jardín, De la compañía teatral catalana MiniMoni o la expresividad del dúo coreano Y momento: Go back, Que mediante una coreografía impoluta con sólo un banco y una maleta como objetos, reflexiona sobre la indecisión que genera querer irse o quedarse en un lugar. Por otra parte, en cuanto a la danza, la alegría de las danzas africanas que Avelino Chantre ha llevado de Lisboa -ciudad invitada en la Mercè de este año- ha llenado de energía al público mientras que, por segundo año consecutivo, el plato fuerte fueron las dancing partners. La compañía barcelonesa Thomas Noone Dance coordina actuaciones de compañías de procedencias y estilos diversos, como el espectáculo RE_Involve, Que reúne un numeroso grupo de bailarines catalanes, suecos, italianos y británicos con una coreografía de danza contemporánea que habla sobre la identidad.

Sin embargo, de entre toda la actividad vale la pena destacar, por originalidad, magia, simplicidad, estética y surrealismo, el espectáculo Kinotheatre. La compañía suiza panorama rompe la cuarta pared con una cabina rotatoria situada justo delante de la cascada del parque donde los espectadores, desde dentro, perciben el mundo real como si fuera una película. Para ellos, lo que pasa fuera de la cabina (o el que los actores de la compañía hacen que pase) parece ficción.

El espectáculo Kinotheatre, de la compañía suiza Panorama © Oriol Company

Si la meteorología lo permite, esta noche el Piromusical cerrará la puerta de una Mercè multitudinaria y exitosa. A diferencia del resto de noches de fiesta mayor, la Ciutadella ya no se iluminará de música, fiesta y espectáculos. Punto final, también, en el MAC. Según datos del ICUB, prácticamente 300.000 espectadores han disfrutado este año de las 61 propuestas artísticas nacionales y 25 internacionales que ofrecía, dos terceras partes de los que han asistido a las del Parque de la Ciutadella.

Jordi Pablo escribía en 2000 que “a menudo se tiene la sensación de que los barceloneses estos días simplemente salen a la calle por el placer primario de ocuparlo, esperar la sorpresa, reproduciendo aquella magnífica sensación que a finales de la década de los setenta significaba la recuperación de la democracia, la ocupación de las plazas y calles encontrando por azar un pequeño espectáculo, un baile o un concierto. Esta es posiblemente la auténtica tradición que en estas dos décadas se ha construido y que cada año se repite “. Yo también añadiría la voluntad de viajar en el tiempo y volver a ver la Merced con ojos de niño.

 

 

Sobre El Autor

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Esta web utiliza cookies puedes ver aquí la política de cookies. Si continuas navegando estás aceptándola