Entre los autores catalanes llamados a hacer más ruido en esta reanudación literaria hay uno de los más veteranos de todos, Joan Margarit, Que nos cuenta que Para tener casa hay que ganar la guerra (Proa). Pero ahora el poeta cambia de tenor y se decanta por la narrativa. En este libro, hace algo tan sencillo de plantear como difícil de explicar: por qué ha escrito los poemas que ha escrito?

Margarit es consciente de que, llegado a la vejez, le toca hacer una mirada retrospectiva y examinar lo que ha dejado atrás y lo ha dejado hecho. Y así se explica que Para tener casa hay que ganar la guerra esté pensado para ser “un complemento de mi obra poética”; una explicación de la obra lírica a través de la prosa que no deja de ser una búsqueda: por qué soy como soy. La respuesta no debe ser sencilla, pero Margarit tiene indicios y orientación: “Yo no sé funcionar sin saber dónde intento ir “.

Como ha ido su incursión en el mundo de la prosa? En primer lugar, explica que no ha sido improvisada, y que se lo ha costado. Concretamente, cuatro años para darla por terminada. Luego está la cuestión de la creatividad: a su entender, el poeta no sale hacia fuera, como hace un narrador, porque “para hacer un poema, su esencia tiene que salir de dentro”.

A Para tener casa hay que ganar la guerra, Margarit nos ofrece una especie de clausura narrativa que envuelve sus más de setecientos poemas publicados con la intención de comprender por qué hay recuerdos que perduran y otras que no. Y de qué manera lo hacen o dejan de hacerlo. Este recorrido vital se detiene en la primera juventud, cuando el poeta de Sanaüja ya ha cambiado varias veces de casa, de ciudad y de escuela. El trasfondo de la Guerra Civil y el franquismo resuenan con fuerza en un entorno austero y desleído que, justamente, se llamaba la Cataluña pobre.

La infancia de Margarit serlo, de pobre, pero no fue infeliz. Entre las razones más elementales, una de sencilla: “Me daban comida y no me pegaban”. Dice que comió muchas patatas hervidas, y que por eso le gusta tanto el cuadro de Van Gogh comiendo patatas, Porque es una evocación de aquella época. “De hecho, yo estoy aquí gracias a las patatas hervidas”.

Todo está en la infancia

En cada edad hacemos un juicio sobre la edad anterior, pero con la última no lo podremos hacer. Por lo tanto, como que “no habrá una continuación”, en estas memorias Margarit mira tan atrás como puede, hasta la infancia, la patria del escritor. Si Rilke lo decía, él lo subraya. Y rescata el valor de todo lo que está fuera del satélite de la cultura literaria, la que “te ayuda en la forma pero no en el fondo”. La cultura que le interesa es más ancha y “no pertenece sólo a las letras”.

Para Margarit, poeta y arquitecto, lo que importa es ir al fundamento de las cosas, dentro de uno mismo, para encontrar un rumbo que le ayude a desarrollar las emociones y la intensidad de lo que vive. Para tener casa hay que ganar la guerra es una profundización reflexivo y sereno sobre todo esto, que se podría decir tranquilamente el porqué de las cosas.

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