Como dice su amiga Esther Ferrer, Que triste que ha quedado la rue Bourdonais de Paris desde que Jaume Xifra murió. Y así es. Ya no se puede volver para pedir conversación o hospedaje en esa especie de refugio de artista donde vivía en el centro de París, el cual, extrañamente, había sobrevivido la especulación urbanística.

Jaume Xifra en una imagen del catálogo de Les Bernardes

La casa del Jaime era un cae al final de un pasillo sombrío, donde un portalón de madera y vidrio grabado y un gato de hierro de ojos transparentes e inquietantes nos daba la bienvenida. Una vez dentro del edificio, encontrabas en un espacio muy peculiar. Sin luz natural directa. Sin el rugir de las calles de Paris. Paredes blancas rellenas de libros. Herramientas. Rodillos. Objetos populares. Máscaras. Obras artísticas. Y proyectos propios y de otros artistas. Todo distribuido en un orden estratégico para toda la casa-taller, desde el portal hasta el cuarto de baño.

En Cifra nos acogía en su casa, impulsado por una generosidad extrema, como siempre hacía. Albergaba tanto amigos, como conocidos, como amigos de los amigos y conocidos de los conocidos. Todo el mundo era bienvenido, gente de todo tipo y condición social con quien le gustaba compartir experiencias, discutir conceptos tribales o filosóficos y, si llegaba el caso, desahogar discrepancias. Llevado por su gran altruismo, incluso había acogido los compañeros de Salvador Puig Antich cuando en 1974 habían huido de España por temor a la represión de la dictadura.

En Jaume Xifra era más conocido en Francia que a Cataluña. Residía allí desde 1959, aunque nunca dejó de ser un catalán de pura cepa. Fue un artista conceptual, en la obra del que prevalecía la idea sobre el tradicional concepto estético del arte. Inquieto y provocador, sin preocuparse por complacer a un hipotético público. Su proceso creativo se va modelando a lo largo de su carrera artística moviéndose en diversas técnicas, buscando siempre los material que mejor se adapten a sus ideas, y tomando las herramientas más innovadoras del momento. En la línea de su admirado Marcel Duchamp, Descarta la figura del artista / genio, y provoca que el espectador participe en el proceso creativo con su interpretación de la obra. Este aspecto se materializa mayoritariamente a partir de la etapa de los rituales y hasta el final de su vida.

Sobre todo en la primera etapa, tiene una biografía ciertamente agitada. De pequeño quedó huérfano y muy joven comenzó a trabajar en Salt y después de tornero en Girona hasta que fue llamado por el servicio militar. Lo tenía magro en aquella Girona gris, pobre y estrecha de miras del franquismo. Imaginemos que fue entonces cuando reflexionó sobre su proyecto de vida, ya que, una vez licenciado, decidió irse a Francia. Primero a Perpiñán y poco después a Marsella. En este periodo trabajó en todo tipo de oficios para sobrevivir. A los 26 años, incluso dio la vuelta al mundo enrolándose en la marina mercante.

Posiblemente, esta trayectoria empinada y aventurera forjara su carácter abierto, curioso e inquieto. Es probable que las experiencias manuales y tecnológicas que adquirió en ese periodo enriquecieran las habilidades creativas que llevaba dentro y contribuyeran a forjar el artista, el inventor y el gran pedagogo que llegó a ser.

Después de la experiencia en el mar y de vuelta a Francia, su voluntad artística estaba ya iniciada. Se inscribió en varias academias de artes plásticas y comenzó a trabajar de asistente de los escultores Apel·les Fenosa y César en Paris. Es a principios de la década de los años sesenta cuando aparecen las primeras obras que lo configuran como creador.

Lo hace en la línea del informalismo, plasmando sobre superficies planas volúmenes en tonos oscuros y dorados que crean sombras y nuevas dimensiones gracias a esgrafiados aparentemente espontáneos. Poco después, entre 1965 y 1967, inicia una experiencia aún más personal. Abandona totalmente las herramientas tradicionales y utiliza telas de vinilo comerciales ya estampadas, a las que incorpora nuevos acabados con plantillas artesanales y sprays de color. Esta técnica de estampación mediante plantillas puede ser el precedente de sus famosos pochoirs, creados en medio de la ebullición social del 68, donde sobrepone imágenes comunes y recortes publicitarios como crítica de la sociedad de consumo.

El año siguiente viaja a Chile, entra en contacto con la población de Huaqui, descubre la artesanía y sus rituales, y organiza una cooperativa para dinamizar la economía de la zona. Es obvio que cada nueva experiencia representa para Cifra una fuente de inspiración. Así se refleja cuando el año siguiente vuelve a Paris y abandona la perspectiva sobre la obra plana y, como en una búsqueda hacia el inicio de las culturas, incorpora a su trabajo, volúmenes y objetos cotidianos en una extraña amalgama, desafiante y menudo tétrica. Es la etapa del ritual, con obras como Relicarios, Objetos numinosos y Objetos rituales.

Poco después en un trabajo conjunto con otros artistas residentes en Francia, como Antoni Miralda, Joan Rabascall y Dorothée Selz y Benet Rossell forman el grupo “Catalanes de Paris” que, además de amigos, son colaboradores en la creación de una serie de performance con objetos, caretas y vestuario estrafalario, donde el color de la indumentaria tiene un significado específico. Con este proyecto recorren diferentes ámbitos de los escenarios franceses, e incluso toman parte VII Bienal de Paris de 1971. En estas piezas es fundamental la participación del espectador en la obra, haciendo realidad de esta manera la reflexión de Marcel Duchamp mencionada más arriba, una reflexión que Cifra compartía y admiraba: en contra del artista / genio, el acto creativo no es sólo fruto de quien lo inicia, sino que se completa con la actuación del espectador.

Sin dejar la obra personal, a partir de 1974 inicia la carrera pedagógica como profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes de Dijon y de la Escuela Superior de Paris-Cergy Pontoise. Infatigable, y siempre atento a la actualidad, a partir de los años ochenta explora las nuevas tecnologías de la informática, sirviéndose de un programa interactivo que llama “Computer Painting” el cual permite la participación y el feedback del usuario en la creación de la obra. Es una etapa colorista, vital y alegre. A partir de ese momento, un nuevo inquilino acompañará la infinita variedad de objetos y herramientas del salón de su casa: Una impresora semiindustrial para dar vida a las grandes telas que surgen del experimento.

Las obras, que estaban en Francia, y que después de lo que se podría decir un rescate, finalmente se pueden ver en la exposición Hombre-Naturaleza-Realidad en “Las Bernardas” de Salt (Girona) es el legado de las más de doscientas obras que los hermanos del artista, sus herederos, han dado al municipio y que ha sido posible gracias a la terquedad y el esfuerzo de familiares, amigos, la comisaría de la exposición, Pilar Parcerisas, Y el compromiso del Ayuntamiento de Salt. Todos han reuniendo muchos esfuerzos, tanto económicos como de horas de mucho trabajo, a fin de que la obra de un artista de tanto talento quede a la población que lo vio nacer. De alguna manera podemos decir que Jaume ha vuelto a casa.

Al mismo tiempo de la inauguración de esta retrospectiva, se ha presentado un libro / catálogo que recoge la biografía del artista, ilustraciones, cartas, entrevistas, una selección de críticas y un impactante y emotivo recopilación de escritos de los sus amigos que describen con toda naturalidad, el talante y la gran estimación que en Jaume Xifra suscitaba a su entorno.

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