Fiestas de Gracia. Parecen ya lejanas. Entre los artistas que llenaron los escenarios, siento una ausencia, un silencio elocuente compartido por los vecinos de la Plaza Rovira: «ha venido este año la Aute en casa?». Porque siempre que podía, el Aute reencontraba a Gracia parte de su infancia.

Eduardo Aute.

Su padre era un joven catalán que trabajaba en la dirección de la compañía Tabaco de Filipinas de Barcelona. Y enviado a Manila por la tabacalera, conoció la madre del Aute. De la unión de los dos nació el artista en 1943. La portada de su último disco, El niño que Mirabent el mar, Sugiere cómo serían aquellos años del primer Aute a tierras filipinas: un niño abstraído sentado en el puerto oteando el horizonte mientras resuenan por la ciudad los bombardeos de las fuerzas aliadas. Porque en aquella Manila aplastada durante la II Guerra Mundial, el negocio de tabaco no pudo prosperar, y la familia Aute tuvo que volver de una Manila desmenuzada en una Barcelona atenazada por el régimen franquista. Era 1952. Se acababa de fundar la SEAT y se celebraba el Congreso Internacional Eucarístico. Pero en aquella sociedad rígida y turbia, empezaba a moverse algo: un año antes, los trabajadores convocaban la Huelga de Tranvías, la primera manifestación de protesta civil contra el régimen después de la Guerra Civil.

Lejos de aquel mundo de adultos, la infancia del niño Aute desvanecía por las calles de Gracia. Tomaba horchatas y jugaba en los jardines de Massens. Y descubría prendado una de sus grandes pasiones: el cine. En la oscuridad de las proyecciones, por calles estrechas y viejas tiendas de barrio, el vínculo del Aute con Barcelona se fortalecía.

Mucho tiempo después, todas estas vivencias fueron evocadas a la canción Sueños de la Plaza Rovira, Su primera canción en lengua catalana. Pero hay otros que el autor tradujo del español al catalán por sugerencia de algunos de sus amigos. Uno de ellos, Joan Isaac, registró un hermoso disco, Auteclàssic, Donde interpreta algunas de las composiciones más conocidas del artista filipino. Una joya de autor donde las voces de ambos suenan excelentes.

Para que el vínculo del Aute con Barcelona es sólido y profundo. Los frecuentes conciertos del Aute en el Palau de la Música (iniciados en aquel catalán aprendido a Tremp en el servicio militar) y las intensas amistades con muchos artistas catalanes, lo han mantenido vivo a lo largo de los años. Por cierto, de los encuentros nocturnos en la célebre discoteca Boccacio, una amistad muy curiosa: la de Jaime Gil de Biedma, hijo del director y abogado de la compañía tabacalera donde trabajaba el padre del Aute.

En estas fiestas de Gracia nos ha faltado encontrarlo como un vecino más entre nosotros. Hace un año que el Aute sufrió un infarto y todavía se está recuperando. Y como deseamos que se recupere! Es el motivo por el que muchos amigos le rinden homenaje en Madrid en diciembre. Y se susurra que muchos amigos suyos catalanes quieren hacer lo mismo en Barcelona.

Para que se les hace difícil prescindir de su voz íntima, de su inteligencia de hombre que duda. En estos tiempos peligrosos, al oído nos recita «que las estrellas hieren como amenazas y sangra la luna al hilo de su guadaña «. Quizás necesitamos cantar de nuevo El Alba.

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