Teresa Costa-Gramunt ha leído el volumen de la poesía completa (Editorial 1984) de la poeta brasileña Orides de Lourdes Teixera Fontela (Sao Joao da Boa Vista, 1940 – Campos do Jordao, 1998), en la magnífica traducción de Joan Navarro. Hoy hace su crítica a la Nube.

Orides Fontela

Se produce una erótica intelectual en el descubrimiento de una poesía tan potente como la de Orides Fontela. Sus versos son esenciales, concentrados, cada palabra tiene su peso y volumen y la intensidad del discurso contenido en cada imagen es néctar puro. Cerrado el libro, su voz aún permanece como un eco al oído de los lectores, es como una oración en voz alta, si bien con los límites cortantes como las aristas de una piedra preciosa.

No conocía Orides Fontela. Así, tras leer una corta biografía de la poeta en los créditos del libro, mi curiosidad por el personaje ha ido más allá y he hecho investigación de más información, ya que parece imposible hablar de la poesía admirablemente limpia de Orides Fontela puesta de junto a su vida breve (murió a 58 años), tan triste, migrada y atormentada. Fontela, una de las poetas más grandes de su generación, murió en un sanatorio para tuberculosos en la indigencia. Bohemia y depresiva, más de una vez se quiso quitar la vida. Sin duda sufrió. Hija de padres muy pobres y analfabetos parece que le transmitieron la sífilis. Este complejo de inferioridad social llevaron la joven Orides Fontela a la gran metrópoli de Sao Paulo, donde hizo la carrera de filosofía, fue profesora de primaria y bibliotecaria. Escribía poemas desde niña y en 1969 publicó su primer libro, transposición, Que marcó lo que sería su estilo minimalista, zen, inconfundible. Los críticos coinciden en que su voz poética ya nació madura desde este primer libro al que seguirían una docena larga hasta su muerte, dejando poemas inéditos, incluidos en la Poesía completa.

A pesar de su carácter difícil -se peleaba con todos, también con los amigos, ella misma reconocía que era áspera y irascible-, Orides Fontela tuvo amigos y protectores pacientes para que apreciaban su valía como poeta, calidad que nunca se le ha discutido, y porque aventuro pensar que poco o mucho esta gente de buena voluntad de su entorno debía ver que aquella manera de obrar quizás era atribuible a un desajuste mental, eso que la psicología moderna llama bipolaridad, y que tanto sufrimiento causa a quienes la padecen porque son conscientes de su mal. Esta bipolaridad (nervios siempre a flor de piel y aquellos momentos de sentimientos y pensamientos extremos) explicaría, en mi opinión, el abismo que hay entre esta vida terrible y llena de fosquedats y la luminosidad de su poética, la claridad de los conceptos expuestos, algunos hasta la genialidad.

Leo en un texto de una de las personas que la trató, Donizete Galvao, que antes de recluirse en sí misma y apartarse de la gente, había encontrado apoyo en personalidades de la vida cultural de Sao Paulo, entre ellas José Mindlin , hombre acaudalado, con gran sensibilidad artística y bibliófilo reconocido en todo el mundo, a quien tuvimos la oportunidad de conocer en nuestro viaje a Brasil en 2003.

Donizete Galvao apunta que era la mala salud y la fragilidad física, aquel malestar persistente, que lanzaba Orides Fontela a la desavenencia con el entorno, y que a su manera era una aristócrata. Esta última apreciación casa perfectamente con el estilo de sus poemas. Leyendo los poemas de Fontela no pocas veces he tenido la sensación de que me encontraba ante palacios de mármol de una elegancia suprema e incluso de grácil calidez, todo lo contrario de lo que se decía de su autora: que no tenía pelos en la lengua, que parecía que no tuviera sentido común, que no se comportaba de manera educada. Así, la ‘salvaje Orides’ decir del dramaturgo y director de teatro Celso Alves Cruz, era la otra cara de la moneda de la poeta apolínea y platónica que escribió el poema ejemplos de manera tan sentenciosa como exacto: Platón / fijando las formes./ Heráclito / adorando al foc./ Sócrates / fiel a su Demon. Sin duda sus conocimientos filosóficos derramados en sólo seis versos hacen pensar un día entero, o más bien toda una vida, ya que de forma sintética -este ganancia de la inteligencia-, Orides Fontela llega al tuétano del pensamiento de estos tres filósofos griegos.

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