Este año se ha celebrado la quincuagésima edición de la Universidad Catalana de Verano (UCE), en Prada, el Conflent. Hija de Mayo del 68, la UCE tenía dos objetivos principales: «promocionar el conocimiento y el uso del catalán en la Cataluña del Norte y reunir ciudadanos del norte y del sur, valencianos, isleños, franjolins, alguereses y andorranos, para poder intercambiar información académica, cultural y política ». Joandomènec Ros, Actual presidente de la UCE, recuerda que significó esta iniciativa en sus inicios y como se ha desarrollado hasta la fecha, y explica el sentido que tiene la UCE hoy día y de cara al futuro, aunque el contexto histórico haya cambiado tanto. Lo explica en el número de septiembre de «Sierra de Oro».

En la edición de 1971 de la Universidad Catalana de Verano, Jordi Carbonell en el aula de Lengua y Literatura. | Foto: Archivo «Sierra de Oro»

Aunque la primera edición de la UCE fue a Prada en 1969, se considera que «la edición 0» fue en 1968. «Cincuenta años son muchos, y más aún si se tiene en cuenta la precariedad con que muy menudo han tenido que programar y llevar a cabo los cursos, los actos, los talleres, las actuaciones artísticas », porque entonces aún éramos en pleno franquismo.

Según Pere Verdaguer, sin embargo, esta situación tan complicada «se superaba con el voluntarismo, las ganas de difundir ciencia y lengua, de comunicar lo que la dictadura franquista ocultaba o maquillaba, y de hacerlo en la lengua común de los Países Catalanes». Es por ello que la UCE se veía como un «oasis de libertad, de comunión de intereses y de difusión de la cultura común».

Lo más importante, primero, era la calidad universitaria de los cursos; después, el uso del catalán como lengua vehicular de los cursos y las actividades, así como la cultura común compartida entre los profesores y los alumnos.

Ya han pasado muchos años desde el nacimiento de esta gran iniciativa y muchas cosas han cambiado. Hoy ya tenemos todas las universidades catalanas, que, en general, se imparten en catalán, y durante los días de verano también ofrecen cursos íntegramente en nuestra lengua. El material científico de que disponemos hoy también es en catalán, a diferencia de entonces que todo era únicamente en castellano. Por ello, Joandomènec Ros se pregunta: «tiene sentido la UCE a medio siglo de su inicio?»

Nuestra lengua y cultura ya son conocidas en todo y con reconocimiento, pero vivimos en un entorno político y social muy diverso, además del talante individual. Toda esta diversidad está integrada en la Universidad Catalana de Verano. «Prada se convierte así en el punto de encuentro de diferentes sectores culturales y sociales», y esto continúa dando sentido a la UCE; ahora y en el futuro.

«La Universidad Catalana de Verano pretende nutrir la curiosidad cultural y científica, remover la conciencia cívica, permitir la convivencia de connacionales provenientes de todos los territorios y del extranjero, fue el foro privilegiado de estudiosos y aficionados, de eruditos y mirones, de docentes y discentes, de productores y consumidores de cultura. »

Aunque hayan pasado cincuenta años de la primera edición, la UCE «sigue siendo necesaria», porque todavía no hemos logrado «las metas sociales, culturales y políticas que queremos y que nos merecemos».

 

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